La tolerancia al soporte nutricional en el paciente crítico pediátrico representa un componente clave dentro del manejo integral del niño en estado grave, ya que la adecuada administración de nutrientes influye directamente en la recuperación clínica, la función inmunitaria, la preservación de la masa muscular y la reducción de complicaciones metabólicas y gastrointestinales. La tolerancia se define como la capacidad del paciente para recibir y utilizar el aporte nutricional sin presentar signos clínicos adversos ni deterioro clínico significativo, y su evaluación requiere una valoración clínica continua y multidimensional.
Uno de los criterios fundamentales para determinar tolerancia es la estabilidad hemodinámica y la función gastrointestinal. En pacientes pediátricos críticos, la presencia de un tracto gastrointestinal funcional, con ausencia de distensión abdominal significativa, vómitos persistentes, regurgitación o aspiración y con motilidad conservada, apunta a una tolerancia aceptable al soporte enteral. Además, la observación de residuos gástricos excesivos puede indicar intolerancia y riesgo de aspiración, por lo que su monitorización forma parte de la práctica clínica en muchas unidades de cuidados intensivos pediátricos (Critical Pediatrics, 2018).
La evaluación metabólica y bioquímica constituye otro pilar para determinar la tolerancia efectiva. Los parámetros como glucemia, electrolitos, balance ácido–base y marcadores de función hepática y renal permiten identificar eventos como hiperglucemia, desórdenes hidroelectrolíticos o sobrecarga de nutrientes que pueden reflejar intolerancia o necesidad de ajuste del aporte nutricional (American Society for Parenteral and Enteral Nutrition & Society of Critical Care Medicine, 2017).
Estos factores son especialmente relevantes en poblaciones con riesgo elevado de complicaciones metabólicas, como los pacientes con shock o disfunción orgánica múltiple, donde la perfusión intestinal puede verse comprometida.
La capacidad de alcanzar metas energéticas y proteicas prescritas sin interrupciones frecuentes también es un criterio clínico relevante. Las guías actuales recomiendan lograr al menos dos tercios de los requerimientos energéticos estimados y una ingesta proteica adecuada (por ejemplo, ≥1.5 g/kg/día) para prevenir el balance proteico negativo y conservar tejido magro, lo cual también puede servir como indicador indirecto de tolerancia al soporte nutricional (Etchegaray & Bustos, 2021).
Finalmente, la monitorización clínica continua, incluyendo la valoración del dolor, la sedación y la respuesta inflamatoria, contribuye a un enfoque individualizado. La tolerancia al soporte nutricional no debe ser vista únicamente como la ausencia de síntomas adversos, sino como un proceso dinámico que requiere ajustes protocolizados y multidisciplinarios para optimizar resultados y minimizar complicaciones.
Bibliografia:
- American Society for Parenteral and Enteral Nutrition, & Society of Critical Care Medicine. (2017). Guidelines for the provision and assessment of nutrition support therapy in the pediatric critically ill patient
- Critical Pediatrics. (2018). Nutrition in critically ill children.
- Etchegaray, K., & Bustos, E. (2021). Evaluación y apoyo nutricional en el paciente pediátrico críticamente enfermo.