En el paciente crítico pediátrico, la tolerancia al soporte nutricional, especialmente a la nutrición enteral (NE), se evalúa de manera clínica y multidimensional, ya que no existe un único marcador objetivo universalmente aceptado. Las guías internacionales y la evidencia científica coinciden en que la valoración de la tolerancia debe centrarse en la observación de signos clínicos, la consecución progresiva de metas nutricionales y la ausencia de complicaciones gastrointestinales significativas, en conjunto con una monitorización continua del estado metabolico y hemodinámico del niño. La Sociedad de Nutrición Parenteral y Enteral junto con la Society of Critical Care Medicine, recomiendan iniciar NE precozmente y aumentarla de forma escalonada siempre que el paciente la tolere, alcanzando al menos dos tercios de los requerimientos calóricos estimados en los primeros 7 días de ingreso en la UCI pediátrica (PICU) .
La tolerancia clínica al soporte nutricional se determina mediante varios criterios: ausencia de náuseas y vómitos persistentes, abdomen no doloroso, sin distensión abdominal marcada, y sin diarrea severa que pueda comprometer el balance de fluidos y electrólitos. La presencia de estos síntomas frecuentes sugiere intolerancia a la NE y obliga a una reevaluación del plan nutricional . Aunque tradicionalmente se usaba la medición de volúmenes residuales gástricos (GRV) para valorar la tolerancia, hoy en día tanto las guías como estudios recientes desaconsejan su uso de forma rutinaria porque no correlaciona bien con el riesgo de complicaciones ni con la verdadera tolerancia digestiva, además de conducir a interrupciones innecesarias de la alimentación . En la práctica clínica, un incremento de la distensión abdominal, emesis repetida o un patrón de evacuación alterado (diarrea o ausencia de evacuación por varios días) son indicadores clínicos primarios que influyen en si se mantiene, reduce o modifica la velocidad o método de administración de la fórmula enteral .
Además, la tolerancia también se pondera mediante la capacidad de lograr y mantener un avance progresivo de la nutrición hacia los objetivos nutricionales prescritos sin la interrupción reiterada de la alimentación. Un paciente que mantiene una infusión continua de NE conforme al protocolo, sin necesidad de detenerla por síntomas gastrointestinales o hemodinámicos adversos, se considera con buena tolerancia. Por el contrario, si los síntomas comprometen la entrega adecuada de energía y proteínas o incrementan el riesgo de aspiración u otras complicaciones clínicas (por ejemplo, necesidad de vía postpilorica o soporte parenteral complementario), se considera presencia de intolerancia parcial o total a la NE en ese momento clínico específico .
Bibliografia:
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