El ladrón sí es culpable del robo, ya que la acción no depende de sus consecuencias ni de las circunstancias personales, sino del cumplimiento del deber moral. Robar es incorrecto porque no puede convertirse en una ley universal sin generar contradicción, si todos robaran por necesidad, el concepto de propiedad dejaría de existir. Por ello, aunque el ladrón actúe con la intención de alimentar a sus hijos, su acción sigue siendo inmoral e ilegal, pues utiliza a otra persona como un medio y no como un fin en sí misma.
No obstante, según (Kant, 2012) sostiene la culpabilidad moral y legal del acto, este enfoque permite diferenciar entre culpabilidad y comprensión del contexto. El hecho de que el ladrón viva en condiciones de pobreza extrema no justifica el robo, pero sí invita a reflexionar sobre la responsabilidad social y estatal en la generación de dichas condiciones. En consecuencia, el ladrón es culpable del robo, pero una respuesta justa debería considerar tanto la aplicación de la ley como la necesidad de atender las causas estructurales que empujan a las personas a delinquir.
Bibliografía
Kant, I. (2012). Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Madrid: Alianza Editorial.