La gestión del riesgo, según la norma ISO 31000:2018, implica que la organización identifique los riesgos independientemente de si sus fuentes están bajo su control o no, teniendo en cuenta que un mismo riesgo puede producir diversos resultados y consecuencias tanto tangibles como intangibles en sus objetivos. Este enfoque amplio asegura que no se omitan incertidumbres relevantes que puedan afectar el logro de metas, y permite construir una comprensión más completa del panorama de riesgo al considerar tanto las condiciones internas como externas y sus posibles efectos. Por ejemplo, la propia ISO 31000 indica que “la organización debería identificar los riesgos, tanto si sus fuentes están o no bajo su control. Se debería considerar que puede haber más de un tipo de resultado, que puede dar lugar a una variedad de consecuencias tangibles o intangibles” durante la identificación de riesgos.
Este enfoque coincide con lo destacado en estudios académicos y técnicos sobre gestión de riesgos, que subrayan la importancia de no limitar la identificación de riesgos únicamente a elementos bajo control directo de la organización, ya que riesgos externos pueden tener impactos significativos. Además, considerar múltiples consecuencias permite una mejor priorización y diseño de tratamientos, ya que no todos los efectos negativos o positivos se manifiestan de la misma forma. Esta visión integradora refuerza la gestión del riesgo como una herramienta estratégica para la protección y creación de valor organizacional.