Coincido con tu respuesta, la norma ISO 19011 exige que las organizaciones identifiquen, evalúen y promuevan de forma permanente la competencia de quienes intervienen en las auditorías (ISO, 2018). La competencia se manifiesta en la combinación de conocimientos, habilidades y experiencia, por lo que su gestión requiere criterios claros y registros que permitan demostrar progreso y trazabilidad.
La evaluación periódica de competencias debe apoyarse en indicadores objetivos y evidencias documentadas, tales como el desempeño en auditorías previas, la calidad y claridad de los hallazgos, el cumplimiento del programa anual y la retroalimentación de las áreas auditadas. Un enfoque integral de evaluación facilita identificar brechas concretas y priorizar acciones de desarrollo, además de servir como base para decisiones sobre asignación de roles y responsabilidades dentro del equipo auditor.
Un plan anual de formación continua, alineado con los riesgos de la organización y las actualizaciones normativas, resulta imprescindible. La capacitación debe combinar contenidos técnicos —interpretación de normas, análisis de riesgos, técnicas de muestreo y redacción de no conformidades— con el desarrollo de habilidades interpersonales como la comunicación oral y escrita, la negociación y la gestión de conflictos, porque la efectividad de la auditoría depende tanto del dominio técnico como de la capacidad para transmitir hallazgos con claridad y credibilidad.
Aplicar el ciclo PHVA al propio proceso de auditoría fortalece la mejora continua: medir y analizar indicadores como la proporción de hallazgos mal redactados, los tiempos de cierre de no conformidades, la satisfacción de las áreas auditadas y el grado de cumplimiento del programa anual, y luego planificar acciones correctivas y de formación, permite cerrar el ciclo de aprendizaje y elevar la eficacia del sistema de gestión.
Fomentar una cultura organizacional orientada al aprendizaje y al análisis constructivo del error es clave para que la función de auditoría aporte valor y no sea percibida únicamente como control. Mantener la independencia, la objetividad y la ética profesional, y promover un entorno donde los hallazgos se utilicen para mejorar procesos, contribuye a que la auditoría interna sea un motor de gestión de riesgos y mejora continua.
Larry B. Sawyer (2012) defendió que la auditoría interna debe evolucionar de una función meramente fiscalizadora a un socio que aporta valor organizacional; para ello, los auditores deben mantenerse actualizados, adaptar sus competencias a las necesidades cambiantes del negocio y combinar juicio profesional con habilidades comunicativas que faciliten la aceptación y la implementación de recomendaciones. La formación continua, la evaluación basada en resultados y la integración de la auditoría en la gestión de riesgos son, según Sawyer, pilares para que la auditoría proteja y mejore el valor organizacional.
BIBLIOGRAFÍA:
– International Organization for Standardization. (2018). ISO 19011:2018 Guidelines for auditing management systems (ISO Standard No. 19011:2018).
– Sawyer, L. B., Dittenhofer, M. A., & Scheiner, J. H. (2012). Sawyer’s internal auditing: The practice of modern internal auditing (7.ª ed.). The Institute of Internal Auditors Research Foundation.
La evaluación periódica de competencias debe apoyarse en indicadores objetivos y evidencias documentadas, tales como el desempeño en auditorías previas, la calidad y claridad de los hallazgos, el cumplimiento del programa anual y la retroalimentación de las áreas auditadas. Un enfoque integral de evaluación facilita identificar brechas concretas y priorizar acciones de desarrollo, además de servir como base para decisiones sobre asignación de roles y responsabilidades dentro del equipo auditor.
Un plan anual de formación continua, alineado con los riesgos de la organización y las actualizaciones normativas, resulta imprescindible. La capacitación debe combinar contenidos técnicos —interpretación de normas, análisis de riesgos, técnicas de muestreo y redacción de no conformidades— con el desarrollo de habilidades interpersonales como la comunicación oral y escrita, la negociación y la gestión de conflictos, porque la efectividad de la auditoría depende tanto del dominio técnico como de la capacidad para transmitir hallazgos con claridad y credibilidad.
Aplicar el ciclo PHVA al propio proceso de auditoría fortalece la mejora continua: medir y analizar indicadores como la proporción de hallazgos mal redactados, los tiempos de cierre de no conformidades, la satisfacción de las áreas auditadas y el grado de cumplimiento del programa anual, y luego planificar acciones correctivas y de formación, permite cerrar el ciclo de aprendizaje y elevar la eficacia del sistema de gestión.
Fomentar una cultura organizacional orientada al aprendizaje y al análisis constructivo del error es clave para que la función de auditoría aporte valor y no sea percibida únicamente como control. Mantener la independencia, la objetividad y la ética profesional, y promover un entorno donde los hallazgos se utilicen para mejorar procesos, contribuye a que la auditoría interna sea un motor de gestión de riesgos y mejora continua.
Larry B. Sawyer (2012) defendió que la auditoría interna debe evolucionar de una función meramente fiscalizadora a un socio que aporta valor organizacional; para ello, los auditores deben mantenerse actualizados, adaptar sus competencias a las necesidades cambiantes del negocio y combinar juicio profesional con habilidades comunicativas que faciliten la aceptación y la implementación de recomendaciones. La formación continua, la evaluación basada en resultados y la integración de la auditoría en la gestión de riesgos son, según Sawyer, pilares para que la auditoría proteja y mejore el valor organizacional.
BIBLIOGRAFÍA:
– International Organization for Standardization. (2018). ISO 19011:2018 Guidelines for auditing management systems (ISO Standard No. 19011:2018).
– Sawyer, L. B., Dittenhofer, M. A., & Scheiner, J. H. (2012). Sawyer’s internal auditing: The practice of modern internal auditing (7.ª ed.). The Institute of Internal Auditors Research Foundation.