Desde el modelo del ciclo disfuncional, puede plantearse que María presenta como esquema de vulnerabilidad una tendencia a asumir excesiva responsabilidad en sus relaciones interpersonales y dificultades para expresar emociones negativas. Este patrón previo podría predisponerla a suprimir sus emociones en situaciones de alta carga afectiva.
Los esquemas de vulnerabilidad se entienden como factores predisponentes, desarrollados a lo largo de la historia personal, que influyen en los estilos de afrontamiento ante el estrés.
El evento desencadenante del malestar es el diagnóstico de cáncer de mama recibido hace tres meses. Este acontecimiento vital altamente estresante activa dichos esquemas y reorganiza la experiencia emocional en torno a la amenaza, la incertidumbre y el miedo al futuro.
Como factores de mantenimiento se identifican varias conductas: evita hablar del tema con su familia, minimiza sus miedos en las consultas médicas y recurre constantemente a la televisión y a las redes sociales como forma de distracción. Además, presenta pensamientos repetitivos sobre el futuro, lo que puede conceptualizarse como rumiación, estrategia asociada al mantenimiento de la ansiedad y la depresión (Fernández-Álvarez et al., 2017).
En términos de regulación emocional, María utiliza principalmente la supresión emocional, definida como la inhibición de la expresión externa de una emoción una vez que esta se ha activado (Gross, 1998, citado en Fernández-Álvarez et al., 2017). Si bien esta estrategia puede resultar útil a corto plazo, la evidencia indica que su uso prolongado se asocia con mayor malestar fisiológico y psicológico. En pacientes oncológicos se ha observado una mayor tendencia a suprimir emociones negativas, lo que puede dificultar el ajuste emocional (Porro et al., 2012).
La distracción constante puede entenderse como evitación atencional, mientras que la preocupación persistente se relaciona con la rumiación. Ambas estrategias se consideran desadaptativas cuando se utilizan de manera rígida y sostenida en el tiempo (Fernández-Álvarez et al., 2017).
En este contexto, las estrategias predominantes en María parecen desadaptativas. Aunque reducen momentáneamente la activación emocional, favorecen el aislamiento y mantienen el ciclo disfuncional. Como alternativas más ajustadas, podrían trabajarse la aceptación emocional, favoreciendo el reconocimiento y validación de las emociones, y la reevaluación cognitiva, estrategia vinculada a mejores indicadores de ajuste psicológico (Fernández-Álvarez et al., 2017). Fomentar una mayor flexibilidad en la regulación emocional sería un objetivo central para mejorar su afrontamiento.
Referencias:
Fernández-Álvarez, J., Díaz-García, A., González-Robles, A., Botella, C., & García-Palacios, A. (2017). La regulación emocional en los trastornos emocionales, una piedra nodal para los abordajes transdiagnósticos: Una revisión de la literatura. Àgora de Salut, 4, 111–121. https://doi.org/10.6035/AgoraSalut.2017.4.12
Porro, M. L., Andrés, M. L., & Rodríguez-Espínola, S. (2012). Regulación emocional y cáncer: Utilización diferencial de la expresión y supresión emocional en pacientes oncológicos. Avances en Psicología Latinoamericana, 30(2), 341–355.