En base a la pregunta y a la interacción del compañero Josmar, considero pertinente profundizar el debate sobre si el cumplimiento de los requisitos de la ISO 7101 , norma emitida por la Organización Internacional de Normalización (ISO) puede considerarse suficiente cuando la organización aún no evidencia una transformación real de su cultura hacia una atención centrada en la persona. Para cumplir de forma efectiva con los requisitos de atención centrada en la persona establecidos en la ISO 7101, emitida por la Organización Internacional de Normalización (ISO), las organizaciones de salud deben impulsar cambios integrales tanto en su estructura organizacional como en su cultura institucional.
Desde el ámbito estructural, es indispensable fortalecer la gobernanza clínica y administrativa incorporando de manera explícita la experiencia del paciente como eje de la planificación estratégica. Esto implica integrar indicadores de calidad percibida, seguridad del paciente y resultados clínicos en los sistemas de gestión, así como asegurar que la alta dirección lidere activamente la mejora continua y la gestión de riesgos. De igual forma, resulta necesario reorganizar los procesos asistenciales para que respondan a las necesidades particulares de cada persona, promoviendo el trabajo colaborativo entre disciplinas, reduciendo trámites que no aportan valor y garantizando la continuidad del cuidado desde el ingreso hasta el seguimiento posterior.
Asimismo, la organización debe disponer de sistemas sólidos de evaluación y monitoreo, que incluyan auditorías clínicas, análisis sistemático de información y mecanismos formales de retroalimentación, de modo que las decisiones institucionales se sustenten en evidencia y en resultados reales de la atención.
En cuanto al componente cultural, se requiere consolidar un entorno basado en el respeto, la dignidad y el trato humanizado. Para ello, la comunicación clara, el consentimiento informado y la atención a la diversidad cultural y social deben formar parte de la práctica cotidiana. Es igualmente relevante promover la participación activa de las personas en las decisiones sobre su propio cuidado, fortaleciendo su capacidad de autocuidado y su corresponsabilidad en los procesos terapéuticos. Otro elemento clave es el desarrollo de un liderazgo orientado al cambio, que impulse una cultura de seguridad no punitiva, en la cual el reporte de eventos adversos sea comprendido como una herramienta para el aprendizaje organizacional y la prevención de futuros riesgos.
Finalmente, el fortalecimiento del talento humano mediante programas permanentes de formación en comunicación, ética, gestión de riesgos y atención centrada en la persona permite alinear las competencias del personal con el nuevo modelo asistencial. En conjunto, estas transformaciones estructurales y culturales posibilitan que la organización evolucione hacia un sistema de atención más seguro, humano, participativo y coherente con los principios de la ISO 7101.
BIBLIOGRAFIA:
BSI Group. (2025). ISO 7101: A global standard for high-quality healthcare. Recuperado de https://www.bsigroup.com/es-CR/insights-and-media/insights/blogs/iso-7101-a-global-standard-for-high-quality-healthcare/
Desde el ámbito estructural, es indispensable fortalecer la gobernanza clínica y administrativa incorporando de manera explícita la experiencia del paciente como eje de la planificación estratégica. Esto implica integrar indicadores de calidad percibida, seguridad del paciente y resultados clínicos en los sistemas de gestión, así como asegurar que la alta dirección lidere activamente la mejora continua y la gestión de riesgos. De igual forma, resulta necesario reorganizar los procesos asistenciales para que respondan a las necesidades particulares de cada persona, promoviendo el trabajo colaborativo entre disciplinas, reduciendo trámites que no aportan valor y garantizando la continuidad del cuidado desde el ingreso hasta el seguimiento posterior.
Asimismo, la organización debe disponer de sistemas sólidos de evaluación y monitoreo, que incluyan auditorías clínicas, análisis sistemático de información y mecanismos formales de retroalimentación, de modo que las decisiones institucionales se sustenten en evidencia y en resultados reales de la atención.
En cuanto al componente cultural, se requiere consolidar un entorno basado en el respeto, la dignidad y el trato humanizado. Para ello, la comunicación clara, el consentimiento informado y la atención a la diversidad cultural y social deben formar parte de la práctica cotidiana. Es igualmente relevante promover la participación activa de las personas en las decisiones sobre su propio cuidado, fortaleciendo su capacidad de autocuidado y su corresponsabilidad en los procesos terapéuticos. Otro elemento clave es el desarrollo de un liderazgo orientado al cambio, que impulse una cultura de seguridad no punitiva, en la cual el reporte de eventos adversos sea comprendido como una herramienta para el aprendizaje organizacional y la prevención de futuros riesgos.
Finalmente, el fortalecimiento del talento humano mediante programas permanentes de formación en comunicación, ética, gestión de riesgos y atención centrada en la persona permite alinear las competencias del personal con el nuevo modelo asistencial. En conjunto, estas transformaciones estructurales y culturales posibilitan que la organización evolucione hacia un sistema de atención más seguro, humano, participativo y coherente con los principios de la ISO 7101.
BIBLIOGRAFIA:
BSI Group. (2025). ISO 7101: A global standard for high-quality healthcare. Recuperado de https://www.bsigroup.com/es-CR/insights-and-media/insights/blogs/iso-7101-a-global-standard-for-high-quality-healthcare/