La implementación de protocolos para garantizar la seguridad cultural en los hospitales tiene el potencial de reducir las diferencias en los resultados clínicos de pacientes que forman parte de minorías étnicas o migrantes, ya que estos protocolos tratan directamente las barreras a nivel estructural, comunicativo y relacional que afectan la calidad del cuidado. El término "seguridad cultural", que se formuló al inicio en el sector de la enfermería en Nueva Zelanda, vinculado con la población maorí, trasciende la mera competencia cultural. Esto es porque no solo se trata de saber sobre tradiciones o costumbres, sino también de identificar inequidades de poder, prejuicios institucionales y conductas que pueden provocar desconfianza o exclusión dentro del sistema sanitario.
Al poner en marcha protocolos formales de seguridad cultural, un hospital optimiza la comunicación clínica al asegurar el empleo de intérpretes profesionales, materiales informativos en diferentes idiomas y tácticas para verificar la comprensión, lo cual disminuye los errores diagnósticos, la mala adherencia a los tratamientos y los sucesos adversos. De igual manera, la formación de los empleados en prejuicios implícitos y racismo estructural ayuda a reducir las decisiones clínicas que están influenciadas por estereotipos, como el manejo del dolor, la administración de tratamientos o el tiempo de atención. Asimismo, estos protocolos fomentan la adecuación de los planes terapéuticos a la cultura, teniendo en cuenta costumbres familiares, creencias religiosas y prácticas tradicionales, lo que mejora la aceptación y el seguimiento del tratamiento.
La confianza institucional también se ve reforzada por la seguridad cultural, porque los pacientes que sienten que su identidad cultural es respetada tienden a acudir al médico a tiempo y a participar de manera activa en su proceso de salud. Esta perspectiva coincide con los principios de atención centrada en el individuo que la Organización Mundial de la Salud promueve, los cuales resaltan la equidad como un elemento fundamental en la calidad de la asistencia. Por último, la puesta en marcha de estos protocolos generalmente conlleva el seguimiento de indicadores separados por condición migratoria o etnia, lo que facilita la detección de disparidades en los resultados clínicos y el diseño de intervenciones concretas. En su totalidad, la seguridad cultural es una estrategia organizacional y clínica que ayuda de forma efectiva a disminuir disparidades y optimizar los resultados sanitarios en grupos que han sido históricamente vulnerables.
Referencias Bibliográficas
Ramsden, Irihapeti. (2002). Cultural safety and nursing education in Aotearoa and Te Waipounamu (Doctoral thesis, Victoria University of Wellington). Victoria University of Wellington.
Curtis, Elizabeth, Jones, R., Tipene-Leach, D., Walker, C., Loring, B., Paine, S.-J., & Reid, P. (2019). Why cultural safety rather than cultural competency is required to achieve health equity: A literature review and recommended definition. International Journal for Equity in Health, 18(1), 174. https://doi.org/10.1186/s12939-019-1082-3
Organización Mundial de la Salud. (2016). Framework on integrated, people-centred health services. World Health Organization. https://apps.who.int/iris/handle/10665/252698
Al poner en marcha protocolos formales de seguridad cultural, un hospital optimiza la comunicación clínica al asegurar el empleo de intérpretes profesionales, materiales informativos en diferentes idiomas y tácticas para verificar la comprensión, lo cual disminuye los errores diagnósticos, la mala adherencia a los tratamientos y los sucesos adversos. De igual manera, la formación de los empleados en prejuicios implícitos y racismo estructural ayuda a reducir las decisiones clínicas que están influenciadas por estereotipos, como el manejo del dolor, la administración de tratamientos o el tiempo de atención. Asimismo, estos protocolos fomentan la adecuación de los planes terapéuticos a la cultura, teniendo en cuenta costumbres familiares, creencias religiosas y prácticas tradicionales, lo que mejora la aceptación y el seguimiento del tratamiento.
La confianza institucional también se ve reforzada por la seguridad cultural, porque los pacientes que sienten que su identidad cultural es respetada tienden a acudir al médico a tiempo y a participar de manera activa en su proceso de salud. Esta perspectiva coincide con los principios de atención centrada en el individuo que la Organización Mundial de la Salud promueve, los cuales resaltan la equidad como un elemento fundamental en la calidad de la asistencia. Por último, la puesta en marcha de estos protocolos generalmente conlleva el seguimiento de indicadores separados por condición migratoria o etnia, lo que facilita la detección de disparidades en los resultados clínicos y el diseño de intervenciones concretas. En su totalidad, la seguridad cultural es una estrategia organizacional y clínica que ayuda de forma efectiva a disminuir disparidades y optimizar los resultados sanitarios en grupos que han sido históricamente vulnerables.
Referencias Bibliográficas
Ramsden, Irihapeti. (2002). Cultural safety and nursing education in Aotearoa and Te Waipounamu (Doctoral thesis, Victoria University of Wellington). Victoria University of Wellington.
Curtis, Elizabeth, Jones, R., Tipene-Leach, D., Walker, C., Loring, B., Paine, S.-J., & Reid, P. (2019). Why cultural safety rather than cultural competency is required to achieve health equity: A literature review and recommended definition. International Journal for Equity in Health, 18(1), 174. https://doi.org/10.1186/s12939-019-1082-3
Organización Mundial de la Salud. (2016). Framework on integrated, people-centred health services. World Health Organization. https://apps.who.int/iris/handle/10665/252698