Creo que, si hablamos de fomentar la empatía como una competencia transversal en las organizaciones de salud, debemos empezar por reconocer que la empatía no es “ser amable”, sino comprender activamente la experiencia del paciente y su familia y responder de manera coherente a esa necesidad.
La comunicación empática y efectiva impacta directamente en la percepción de la atención. Cuando el paciente se siente escuchado, comprendido y validado, no solo mejora su satisfacción, sino también su confianza en el equipo de salud y su seguridad durante el proceso asistencial.
Una estrategia concreta que considero valiosa es el seguimiento post alta médica mediante videollamada por parte del equipo de salud. Esta acción, aunque parezca sencilla, tiene un impacto profundo:
- El paciente se siente acompañado incluso después de salir del hospital.
- Se refuerza la seguridad y disminuye la ansiedad frente al tratamiento en casa.
- Se favorece la adherencia al plan terapéutico, porque el paciente percibe continuidad y compromiso del equipo.
- Permite detectar oportunamente dudas, efectos adversos o barreras en el autocuidado.
Además, esta estrategia transforma la relación asistencial en una relación de continuidad y cuidado genuino. No se trata solo de verificar signos clínicos, sino de preguntar: ¿Cómo se ha sentido? ¿Ha tenido dificultades? ¿Qué necesita para sentirse más tranquilo?
Cuando la empatía se integra en prácticas concretas como esta, deja de ser un discurso institucional y se convierte en cultura organizacional.
Desde mi perspectiva, fomentar la empatía implica diseñar procesos que mantengan el vínculo humano más allá del acto clínico. Ahí es donde realmente se fortalece la percepción de calidad y el cuidado centrado en la persona.
¿Qué acción concreta y realista podría implementar tu servicio o área de trabajo para demostrar mayor empatía hacia el paciente y su familia desde hoy mismo?
Referencia Bibliográfica:
Yélamos, C., Sanz, A., Marín, R., & Martínez-Ríos, C. (2018). Experiencia del paciente: una nueva forma de entender la atención al paciente oncológico. Psicooncología, 15(1), 153–164. http://dx.doi.org/10.5209/PSIC.59184