Para la OIT, el trabajo decente se sustenta en cuatro principios fundamentales, que buscan el garantizar condiciones laborales dignas, justas y equitativas para todas las personas trabajadoras:
Creación de empleo: Promoción de oportunidades de trabajo productivo, con ingresos justos y condiciones adecuadas, que permitan a las personas desarrollarse personal y profesionalmente.
Derechos en el trabajo: Respeto y garantía de los derechos fundamentales laborales como la libertad sindical, la negociación colectiva, la eliminación del trabajo forzoso, del trabajo infantil y de la discriminación en el empleo.
Protección social: Acceso a sistemas de seguridad social, salud, seguridad y protección frente a riesgos laborales, desempleo, enfermedad discapacidad o vejez.
Dialogo social: Fomento de la participación y el diálogo entre empleadores trabajadores y Estado, como mecanismos para la construcción de políticas laborales justas y democráticas.