Estimada Melanny,
Tu énfasis en la utilización del instrumento AGREE II como primer paso es muy acertado; no obstante, para que la adaptación sea exitosa, es necesario pasar de evaluar la calidad a un proceso formal de transferibilidad. Añado que es esencial incluir el marco GRADE-ADOLOPMENT, para complementar tu contribución. Este mecanismo posibilita no solamente la adopción de recomendaciones, sino también su ajuste sistemático en el caso de que los recursos locales o los valores de los pacientes sean diferentes a los de la guía original. De acuerdo con Al-Hazzani et al. (2021), esta perspectiva disminuye la repetición de esfuerzos y asegura que la evidencia siga siendo fiable durante el paso al contexto nacional.
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Por otra parte, estoy de acuerdo contigo en que la disponibilidad de recursos es un obstáculo crítico. Sugiero el uso de los marcos EtD (Evidence-to-Decision) para llevar a cabo este punto. Estos marcos posibilitan que el gestor y el profesional examinen criterios como la equidad y la relación entre costo y efectividad de manera transparente antes de formalizar una recomendación a nivel internacional. La ausencia de una evaluación de tecnologías sanitarias (ETS) local, según apuntan Pantoja et al. (2022), frecuentemente vuelve a las GPC internacionales en documentos teóricos que son difíciles de aplicar en la práctica hospitalaria cotidiana en los sistemas de salud de la región.
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Finalmente, para que la inclusión de datos epidemiológicos nacionales que mencionas sea efectiva, es imperativo que las guías adaptadas se vinculen con el Cuadro Nacional de Medicamentos Básicos (CNMB) y los protocolos de seguridad del paciente. De acuerdo con las últimas directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2023), una GPC solo es aplicable si su implementación está respaldada por una estrategia de monitoreo que mida resultados en salud locales, transformando la guía de un texto estático a una herramienta de mejora continua de la calidad.
Referencias
• Al-Hazzani, W., Guyatt, G., Moeti, R., Qasim, A., Tlayjeh, H., Briel, M., y Schünemann, H. J. (2021). GRADE Guidance: 32. Adapting recommendations from clinical practice guidelines. Journal of Clinical Epidemiology, 133, 145-154. https://doi.org/10.1016/j.jclinepi.2020.10.012
• Pantoja, T., Valenzuela, L., Neira, F., y Ortiz, Z. (2022). Implementation of clinical practice guidelines in Latin America: A systematic review of barriers and facilitators. Health Policy and Planning, 37(5), 652-668. https://doi.org/10.1093/heapol/czac015
• World Health Organization. (2023). WHO handbook for guideline development (3rd ed.). https://www.who.int
• Zhang, Y., Alonso-Coello, P., Guyatt, G. H., Yepes-Nuñez, J. J., Akl, E. A., Hazlewood, G., y Schünemann, H. J. (2021). GRADE Guidelines: 19. Assessing the certainty of evidence in the importance of outcomes or values and preferences—Interim guidance and review of the process. Journal of Clinical Epidemiology, 135, 138-148. https://doi.org/10.1016/j.jclinepi.2021.01.013
Tu énfasis en la utilización del instrumento AGREE II como primer paso es muy acertado; no obstante, para que la adaptación sea exitosa, es necesario pasar de evaluar la calidad a un proceso formal de transferibilidad. Añado que es esencial incluir el marco GRADE-ADOLOPMENT, para complementar tu contribución. Este mecanismo posibilita no solamente la adopción de recomendaciones, sino también su ajuste sistemático en el caso de que los recursos locales o los valores de los pacientes sean diferentes a los de la guía original. De acuerdo con Al-Hazzani et al. (2021), esta perspectiva disminuye la repetición de esfuerzos y asegura que la evidencia siga siendo fiable durante el paso al contexto nacional.
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Por otra parte, estoy de acuerdo contigo en que la disponibilidad de recursos es un obstáculo crítico. Sugiero el uso de los marcos EtD (Evidence-to-Decision) para llevar a cabo este punto. Estos marcos posibilitan que el gestor y el profesional examinen criterios como la equidad y la relación entre costo y efectividad de manera transparente antes de formalizar una recomendación a nivel internacional. La ausencia de una evaluación de tecnologías sanitarias (ETS) local, según apuntan Pantoja et al. (2022), frecuentemente vuelve a las GPC internacionales en documentos teóricos que son difíciles de aplicar en la práctica hospitalaria cotidiana en los sistemas de salud de la región.
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Finalmente, para que la inclusión de datos epidemiológicos nacionales que mencionas sea efectiva, es imperativo que las guías adaptadas se vinculen con el Cuadro Nacional de Medicamentos Básicos (CNMB) y los protocolos de seguridad del paciente. De acuerdo con las últimas directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2023), una GPC solo es aplicable si su implementación está respaldada por una estrategia de monitoreo que mida resultados en salud locales, transformando la guía de un texto estático a una herramienta de mejora continua de la calidad.
Referencias
• Al-Hazzani, W., Guyatt, G., Moeti, R., Qasim, A., Tlayjeh, H., Briel, M., y Schünemann, H. J. (2021). GRADE Guidance: 32. Adapting recommendations from clinical practice guidelines. Journal of Clinical Epidemiology, 133, 145-154. https://doi.org/10.1016/j.jclinepi.2020.10.012
• Pantoja, T., Valenzuela, L., Neira, F., y Ortiz, Z. (2022). Implementation of clinical practice guidelines in Latin America: A systematic review of barriers and facilitators. Health Policy and Planning, 37(5), 652-668. https://doi.org/10.1093/heapol/czac015
• World Health Organization. (2023). WHO handbook for guideline development (3rd ed.). https://www.who.int
• Zhang, Y., Alonso-Coello, P., Guyatt, G. H., Yepes-Nuñez, J. J., Akl, E. A., Hazlewood, G., y Schünemann, H. J. (2021). GRADE Guidelines: 19. Assessing the certainty of evidence in the importance of outcomes or values and preferences—Interim guidance and review of the process. Journal of Clinical Epidemiology, 135, 138-148. https://doi.org/10.1016/j.jclinepi.2021.01.013