¿Cuál debería ser el papel institucional (hospitales, universidades, ministerios) frente al creciente volumen de información no verificada en salud que circula en la web?
Considero que, frente al gran volumen de información no verificada en salud que circula actualmente en la web, las instituciones deben asumir un rol mucho más activo y comprometido. Hospitales, universidades y ministerios no deberían limitarse únicamente a atender, investigar o emitir lineamientos, sino también a orientar a la población y a los profesionales sobre cómo acceder a información confiable. En un contexto donde existe tanta sobrecarga informativa, muchas veces lo verdaderamente importante pasa desapercibido. En este sentido, Moraga et al. (2014) señalan que la gran cantidad de evidencia disponible y su calidad variable hacen necesario contar con herramientas que permitan identificar la mejor información para la toma de decisiones.
Desde mi punto de vista, las universidades cumplen una función clave porque son las encargadas de formar profesionales con pensamiento crítico. No basta con enseñar contenidos disciplinares; también es necesario enseñar a buscar, seleccionar y evaluar información científica de manera adecuada. Moncada-Hernández (2014) menciona que es fundamental fortalecer competencias para el uso correcto de fuentes de información y bases de datos especializadas. Esto resulta especialmente importante en el campo de la salud, ya que una mala interpretación o el uso de fuentes poco confiables puede influir negativamente en la práctica profesional y en la calidad de la atención.
Por otra parte, los hospitales también tienen una gran responsabilidad, ya que son espacios donde la evidencia debe aplicarse de forma práctica en beneficio del paciente. En este sentido, Peñaherrera Oviedo y Soria Viteri (2015) explican que la medicina basada en evidencia implica identificar problemas clínicos, formular preguntas relevantes, buscar información científica, evaluarla y aplicarla de manera pertinente. Por ello, considero que los hospitales deberían fortalecer protocolos internos de consulta a fuentes confiables, promover capacitaciones permanentes en lectura crítica y, además, educar al paciente con materiales claros y validados científicamente para contrarrestar la desinformación que circula en Internet.
Finalmente, pienso que los ministerios de salud deben ejercer un liderazgo más visible en este tema. No solo deben regular y emitir normativas, sino también desarrollar estrategias de comunicación claras, accesibles y oportunas para la población. Díaz Portillo (2012) destaca que la lectura crítica permite valorar la validez y relevancia de la información científica, lo que llevado al plano institucional implica impulsar políticas de alfabetización digital en salud, crear portales oficiales comprensibles y actuar con rapidez frente a noticias falsas o contenidos engañosos. En definitiva, el papel institucional debe ser preventivo, educativo y regulador, porque hoy proteger la salud también significa proteger a la sociedad de la desinformación.
Referencias bibliográficas:
· Díaz Portillo, J. (2012). Guía práctica de lectura crítica de artículos científicos originales en Ciencias de la Salud. Instituto Nacional de Gestión Sanitaria.
· Moncada-Hernández, S. G. (2014). Cómo realizar una búsqueda de información eficiente. Foco en estudiantes, profesores e investigadores en el área educativa. Investigación en Educación Médica, 3(10), 106–115.
· Moraga, J., Manterola, C., Cartes-Velásquez, R., & Urrutia, S. (2014). ¿Dónde y cómo buscar evidencia científica en medicina? Revista Chilena de Cirugía, 66(5), 502–507.
· Peñaherrera Oviedo, C., & Soria Viteri, J. (2015). Pregunta de investigación y estrategia PICOT. Revista Médica FCM-UCSG, 19(1), 66–69.