¿Por qué, según los autores, ya no podemos hacer valer la antigua ética de Hipócrates de Kos?

¿Por qué, según los autores, ya no podemos hacer valer la antigua ética de Hipócrates de Kos?

de ERICK SEBASTIáN CARPIO GUILLERMO -
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La imposibilidad de sostener de manera exclusiva la antigua ética hipocrática no implica negar su valor histórico, sino reconocer sus límites frente a la complejidad de la práctica sanitaria contemporánea. Como señalan Pablo Simón e Inés María Barrio, el modelo hipocrático se fundamenta en una relación profundamente paternalista, en la que el profesional de la salud, en virtud de su conocimiento, asume la responsabilidad de decidir qué es lo mejor para el paciente, relegando su participación en la toma de decisiones.


Este enfoque resulta coherente en contextos históricos donde la autoridad del médico no era cuestionada y el apciente ocupaba un rol pasivo. Sin embargo, en las sociedades actuales, caracterizadas por el reconocimiento de los derechos individuales, dicho modelo se vuelve insuficiente e incluso problemático. la concepción contemporánea del paciente como sujeto autónomo exige que las decisiones clínicas no se basen únicamente en la beneficiencia profesional, sino también en el respeto a sus valores, creencias y preferencias.


En este sentido, Simón y Barrio destacan que la ética de las profesiones sanitarias ha evpolucionado hacia un modelo deliberativo, en el cual la relación entre el profesional y el paciente se redefine como un espacio de diálogo. La buena intención del sanitario deja de ser un criterio suficiente, ya que puede derivar en prácticas impositivas si no incorpora la voluntad del apciente. De ahí que el consentimiento informado, la confidencialidad y el respeto a la dignidad humana se conviertan en elementos esenciales de la práctica clínica.


A ello se suma que los avances científicos y tecnológicos han generado grandes y conflictivos dilemas éticos que exceden el marco hipocrático tradicional. La experimentación en seres humanos, las desiciones al final de la vida y la distribución de recursos sanitarios requieren un enfoque más amplio, sustentado en principios como la autonomía, la justicia y la no meleficiencia.


En consecencia, la ética hipocrática debe entenderse como un fundamento histórico valioso, pero insuficiente. La práctica sanitaria actual demanda una ética más crítica, prural y contextualizada, capaz de equilibrar el saber técnico con el respeto a los derechos del paciente, respondiendo así a los desafíos de una sociendad cada vez más compleja.


Referencia:

Simón, P. & Barrio, I. (2000) Medicina y enfermería. En A. Cortina & J. Conill (Eds.), Diez palabras clave en ética de las profesiones (pp. 213-256). Verbo Divino.

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