El pensamiento liberal nace en los siglos XVII y XVIII en Europa en una primera cadena de revoluciones, como una corriente que centraliza al individuo como un ser único y le otorga libertades tanto filosófica, política y económica; y que coloca de lado las doctrinas anteriores concentradas en el poder monárquico y eclesiástico como entes rectores y al estatismo absoluto para el desarrollo de la sociedad.
La bioética sin embargo nace en el siglo XIX en la década de los años setenta en Estados Unidos en una segunda cadena de revoluciones, a partir de los pensamientos liberales como un puente entre el avance de la ciencia y la conservación de los valores morales y la ética; ha servido para fundamentar desde un punto de vista ético la investigación con seres humanos.1
Al no poder existir en las sociedades liberales un consenso público sobre un conjunto de valores centrales, también debería haber pluralidad de posturas éticas.2
A partir de ello la bioética liberal tiene ciertas características que la identifican como tal: Aplicada a los problemas, Intermediadora, Procedimental, Civil o Laica, Pluralista, Racional y Filosófica. 1
Es importante mencionar el principio de Autonomía que otorga al paciente la facultad de decidir sobre su salud; para ello, debe recibir toda la información necesaria sobre enfermedades, tratamientos y procedimientos médicos y lo materializa con la firma del consentimiento informado.
La neutralidad del Estado que debe abrigar la pluralidad de posturas éticas y religiosas, tema sin embargo, muy difícil de conciliar, en situaciones tan delicadas de mencionar como asuntos de salud pública.
El utilitarismo como doctrina influyente en donde se concibe la construcción de la felicidad del individuo en base a la libertad de elección que posea.
Todo lo anterior mencionado hace que la bioética actual no sea un conjunto de reglas a seguir obligatoriamente sino más bien una guía para mediar ente la ciencia, la tecnología, la investigación, pero sin olvidar ni dejar de lado la vocación, la ética, la sinceridad y los valores que convierten a nuestra profesión en sanadora, no solo de la salud física, sino también de la mente y el espíritu.
Que el transcurrir del tiempo y el materialismo en el que vivimos actualmente no nos gane, y que nuestro corazón no se transforme también en metal, plástico o hierro, sino que con base en la bioética siempre respetemos la singularidad y la dignidad de los pacientes aplicando nuestros conocimientos científicos y técnicos para el bienestar y la mejoría de la salud, así como para la mejor toma de decisiones y solución de conflictos en busca de una mejor y más sana sociedad.
Ministerio de Salud Pública. (2014). Curso introductorio de bioética para profesionales de salud: ¿Qué es la bioética? [Fascículo]. salud.gob.ec
Charlesworth, M. (2003). La bioética en una sociedad liberal. Cambridge University Press.