Son un conjunto de estándares que permiten juzgar la viabilidad, importancia y necesidad de un estudio. Una investigación no necesita cumplir con todos los criterios a la perfección, pero debe satisfacer sólidamente al menos uno o varios de ellos para considerarse justificada.
Generalmente se clasifican en cinco dimensiones principales:
1. Conveniencia
Responde a la pregunta: ¿Para qué sirve?
Se refiere a la utilidad inmediata de la investigación. ¿Es conveniente realizarla o es un esfuerzo innecesario?
2. Relevancia Social
Responde a: ¿Quiénes se beneficiarán con los resultados?
Evalúa el alcance social del estudio.
¿De qué modo beneficiará a la sociedad o a un grupo específico (empleados, estudiantes, pacientes)?
¿Qué proyección social tiene?
3. Implicaciones Prácticas
Responde a: ¿Ayudará a resolver algún problema real?
No toda investigación debe ser teórica. Este criterio es vital si el estudio busca solucionar una crisis, mejorar un proceso empresarial o arreglar una situación deficiente en una comunidad.
4. Valor Teórico
Responde a: ¿Se llenará algún vacío de conocimiento?
¿La información obtenida servirá para desarrollar, apoyar o refutar una teoría?
¿Se ofrece una nueva perspectiva sobre un fenómeno ya conocido?
¿Qué se espera saber que no se conociera antes?
5. Utilidad Metodológica
Responde a: ¿Ayudará a crear un nuevo instrumento para recolectar o analizar datos?
Este criterio se cumple si la investigación, por ejemplo, crea un nuevo cuestionario estandarizado, mejora una fórmula estadística o diseña una nueva forma de experimentar con una variable.
Hernández-Sampieri, R., Fernández-Collado, C., & Baptista-Lucio, P. (2018). Metodología de la investigación: Las rutas cuantitativa, cualitativa y mixta. McGraw-Hill Interamericana.