Adaptaciones metabólicas en pacientes críticos

Adaptaciones metabólicas en pacientes críticos

by ANDRéS FABIAN VALENCIA VELASCO -
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El paciente crítico pediátrico atraviesa fases definidas de respuesta metabólica que condicionan el uso de sustratos, la acción hormonal y la estrategia nutricional. Estas fases siguen un patrón organizado, aunque en niños la transición es más corta por sus reservas limitadas y mayor relación masa magra/superficie corporal.

La fase Ebb (primeras 6–24 h) incluye hipoperfusión tisular, gasto energético estable, hiperglucemia inducida por catecolaminas e inicio de resistencia a la insulina. El eje hormonal se orienta hacia catecolaminas, cortisol y glucagón, con insulina baja o con efecto disminuido. Esta fase en pediatría dura poco tiempo y progresa rápido hacia la fase catabólica.

La fase Flow (día 2 al 7–21) presenta aumento del catabolismo proteico con pérdidas de hasta 1–2 % de masa magra por día, gasto energético moderado (20–50 % sobre basal), gluconeogénesis desde alanina y glutamina, lipólisis intensa y resistencia marcada a insulina y hormona de crecimiento. IGF-1 se mantiene bajo pese a GH elevada. Se observa el síndrome de eutiroideo enfermo con T3 baja. El músculo se convierte en la principal fuente de sustratos para sostener la respuesta inflamatoria y la síntesis hepática de proteínas de fase aguda.

La fase anabólica (semana 2–4 en adelante) inicia cuando la inflamación disminuye. En esta fase mejora la sensibilidad a insulina y GH, aumenta la síntesis proteica mediante la vía mTOR y se facilita el “catch-up growth” si existe aporte adecuado de proteína y energía.

Estas adaptaciones sirven para sostener funciones vitales, pero en pediatría generan pérdida rápida de masa magra y riesgo de retraso del crecimiento. El soporte nutricional se orienta por fases: durante Ebb se usa nutrición hipocalórica intencional (40–70 % del gasto energético calculado o medido) con proteínas desde el primer día (1.5–2.5 g/kg/día). En Flow se indica nutrición enteral dentro de las primeras 24–48 h, con proteína alta (2.5–3.5 g/kg/día). No se busca cubrir calorías totales porque el catabolismo proteico no se corrige con carbohidratos o lípidos. En la fase anabólica se ajusta el aporte a un plan hiperproteico e hipercalórico para lograr recuperación real de masa magra y crecimiento.

La evidencia actual modificó un enfoque previo centrado en calorías y prioriza el aporte proteico temprano. Esta estrategia disminuye la sarcopenia crítica y reduce secuelas funcionales en la población pediátrica.

Referencias

Mehta, N. M., Skillman, H. E., Irving, S. Y., Coss-Bu, J. A., Vermilyea, S., Farrington, E. A., McKeever, L., Hall, A. M., Goday, P. S., & Braunschweig, C. (2017). Guidelines for the provision and assessment of nutrition support therapy in the pediatric critically ill patient. Pediatric Critical Care Medicine, 18(7), 675–715. https://doi.org/10.1097/PCC.0000000000001134

Tume, L. N., Valla, F. V., Joosten, K., Jotterand Chaparro, C., Latten, L., Marino, L. V., MacLeod, I., Moullet, C., Pathan, N., Paul, S., Pickard, C., Popernack, M. L., & Verbruggen, S. (2020). Nutritional support for children during critical illness. Intensive Care Medicine, 46(3), 411–425. https://doi.org/10.1007/s00134-019-05922-5

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Re: Adaptaciones metabólicas en pacientes críticos

by TANNYA ROSALIA ESQUIVEL VALENCIA -
La explicación sobre las fases metabólicas en el paciente crítico pediátrico muestra lo importante que es adaptar la nutrición según el momento clínico. En los niños estos cambios suceden más rápido por sus menores reservas, lo que aumenta el riesgo de perder masa magra y afectar el crecimiento.

En la fase Ebb, el organismo está en modo de supervivencia y la prioridad no es aportar muchas calorías, sino asegurar proteínas desde el inicio. Luego, en la fase Flow, predomina el catabolismo y el cuerpo utiliza el músculo como fuente de energía, por eso es fundamental iniciar nutrición enteral temprana y aumentar el aporte proteico. Finalmente, en la fase anabólica, cuando la inflamación cede, sí es posible avanzar hacia un plan hiperproteico e hipercalórico para favorecer la verdadera recuperación.

Me parece muy valioso cómo la evidencia actual ha cambiado el enfoque: ya no se busca llenar calorías desde el inicio, sino proteger la masa magra mediante proteína temprana y suficiente. Esto es clave para disminuir secuelas y mejorar la recuperación funcional de los niños críticos
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Re: Adaptaciones metabólicas en pacientes críticos

by EDGAR SEBASTIáN GUZMáN GONZALEZ -
Aunque las fases están bien descritas considero oportuno acotar la respuesta metabólica en:

Fase Ebb: la introducción temprana de la nutrición enteral permitirá mantener la integridad de la barrera intestinal y modula la respuesta inflamatoria aunque la adaptación metabólica exige una estrategia de nutrición trófica durante los primeros días. El aporte calórico debe ser a menos del 50-60% del requerimiento calculado para evitar la sobrealimentación. La sobrealimentación en esta fase exacerba la hiperglucemia, aumenta la producción de dióxido de carbono (CO2) y eleva la demanda de oxígeno, lo que puede ser perjudicial en un paciente con inestabilidad.

Fase flow: Asegurar la proteólisis y suprimir la gluconeogénesis, el aporte de proteínas debe ser de 1.5 a 2.5 g/kg/día para contrarrestar el balance nitrogenado negativo y minimizar la pérdida de masa muscular magra .

Fase anabólica: El aporte energético y proteico debe ser máximo para apoyar la fase de repleción y reparación tisular, el metabolismo está preparado para utilizar completamente los macronutrientes para recuperar la masa muscular y el peso perdido durante la etapa catabólica.

Bibliografia

Viana, E. S., Diniz, M. G., Souza, M. C., & Dutra, A. C. (2021). Metabolic response to stress in critically ill children: A systematic review. International Journal of Environmental Research and Public Health, 18(4), 1801. doi:10.3390/ijerph18041801
Zinger, O., Efrat, M., Efrat, R., & Bar-Oz, B. (2019). Nutrition in critically ill children: What's new and what's next? World Journal of Critical Care Medicine, 8(3), 36-47. doi:10.5492/wjccm.v8.i3.36