El paciente crítico pediátrico atraviesa fases definidas de respuesta metabólica que condicionan el uso de sustratos, la acción hormonal y la estrategia nutricional. Estas fases siguen un patrón organizado, aunque en niños la transición es más corta por sus reservas limitadas y mayor relación masa magra/superficie corporal.
La fase Ebb (primeras 6–24 h) incluye hipoperfusión tisular, gasto energético estable, hiperglucemia inducida por catecolaminas e inicio de resistencia a la insulina. El eje hormonal se orienta hacia catecolaminas, cortisol y glucagón, con insulina baja o con efecto disminuido. Esta fase en pediatría dura poco tiempo y progresa rápido hacia la fase catabólica.
La fase Flow (día 2 al 7–21) presenta aumento del catabolismo proteico con pérdidas de hasta 1–2 % de masa magra por día, gasto energético moderado (20–50 % sobre basal), gluconeogénesis desde alanina y glutamina, lipólisis intensa y resistencia marcada a insulina y hormona de crecimiento. IGF-1 se mantiene bajo pese a GH elevada. Se observa el síndrome de eutiroideo enfermo con T3 baja. El músculo se convierte en la principal fuente de sustratos para sostener la respuesta inflamatoria y la síntesis hepática de proteínas de fase aguda.
La fase anabólica (semana 2–4 en adelante) inicia cuando la inflamación disminuye. En esta fase mejora la sensibilidad a insulina y GH, aumenta la síntesis proteica mediante la vía mTOR y se facilita el “catch-up growth” si existe aporte adecuado de proteína y energía.
Estas adaptaciones sirven para sostener funciones vitales, pero en pediatría generan pérdida rápida de masa magra y riesgo de retraso del crecimiento. El soporte nutricional se orienta por fases: durante Ebb se usa nutrición hipocalórica intencional (40–70 % del gasto energético calculado o medido) con proteínas desde el primer día (1.5–2.5 g/kg/día). En Flow se indica nutrición enteral dentro de las primeras 24–48 h, con proteína alta (2.5–3.5 g/kg/día). No se busca cubrir calorías totales porque el catabolismo proteico no se corrige con carbohidratos o lípidos. En la fase anabólica se ajusta el aporte a un plan hiperproteico e hipercalórico para lograr recuperación real de masa magra y crecimiento.
La evidencia actual modificó un enfoque previo centrado en calorías y prioriza el aporte proteico temprano. Esta estrategia disminuye la sarcopenia crítica y reduce secuelas funcionales en la población pediátrica.
Referencias
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