Las fases de estrés metabólico en un paciente crítico pediátrico suelen describirse en dos grandes etapas: la fase catabólica o hipercatabólica y la fase anabólica o de recuperación, aunque algunos autores integran dentro de la fase catabólica un periodo inicial hipometabólico (fase ebb) y un periodo hipermetabólico posterior (fase flow). Estas fases representan adaptaciones metabólicas complejas que buscan asegurar el suministro energético a órganos vitales, aun a expensas de la pérdida de masa magra y la interrupción temporal del crecimiento infantil.
En la fase catabólica, caracterizada por profundo hipercatabolismo, el organismo incrementa la movilización de sustratos endógenos principalmente proteínas musculares y triglicéridos para sostener la gluconeogénesis, la respuesta inflamatoria y el trabajo cardiopulmonar. Se presenta hiperglucemia de estrés, resistencia periférica a la insulina, aumento de la lipólisis y producción acelerada de cuerpos cetónicos. Este estado es regulado por un marcado incremento de hormonas contrarreguladoras como catecolaminas, cortisol, glucagón y hormona del crecimiento, junto con mediadores inflamatorios como TNF-α, IL-1 e IL-6, los cuales amplifican la proteólisis y reducen la síntesis proteica. En pediatría, estas respuestas tienen consecuencias más significativas debido a la alta demanda energética basal y al continuo requerimiento para el crecimiento, lo que conduce a rápida pérdida de masa muscular y riesgo de desnutrición aguda.
En la fase anabólica o de recuperación, una vez controlada la agresión fisiológica y estabilizados los sistemas vitales, disminuye la inflamación sistémica, se restablece la sensibilidad a la insulina y se normalizan los niveles de hormonas anabólicas. El balance nitrogenado se torna positivo y se promueve la síntesis proteica, la reparación tisular y la recuperación del crecimiento (“catch-up growth”). Durante esta fase, el adecuado aporte energético y proteico es fundamental para restaurar las reservas corporales y favorecer la rehabilitación funcional del niño.
Estas variaciones hormonales y metabólicas determinan que el abordaje nutricional sea dinámico y dependiente de la fase de estrés. En la etapa catabólica se recomienda evitar la sobrealimentación que puede exacerbar la hiperglucemia, la lipogénesis hepática y las complicaciones respiratorias, priorizando un aporte proteico suficiente y un control estricto de la glucemia para limitar el catabolismo. En la fase anabólica, en cambio, se incrementan progresivamente los aportes calóricos y proteicos para satisfacer las demandas de recuperación, optimizando la síntesis proteica y la rehabilitación. Además, el monitoreo continuo de micronutrientes, electrolitos y tolerancia digestiva es esencial para evitar desequilibrios metabólicos y garantizar una recuperación segura y eficiente.
Referencias
Mehta, N. M., & Corkins, M. R. (Eds.). (2021). The ASPEN Pediatric Nutrition Support Core Curriculum (2nd ed.). American Society for Parenteral and Enteral Nutrition.
Kleinman, R. E., & Greer, F. R. (Eds.). (2020). Pediatric Nutrition (8th ed.). American Academy of Pediatrics.
Wilmore, D. W., & Dudrick, S. J. (2019). Metabolic response to injury: From Hans Selye to the present. Journal of Parenteral and Enteral Nutrition, 43(5), 563–579.
En la fase catabólica, caracterizada por profundo hipercatabolismo, el organismo incrementa la movilización de sustratos endógenos principalmente proteínas musculares y triglicéridos para sostener la gluconeogénesis, la respuesta inflamatoria y el trabajo cardiopulmonar. Se presenta hiperglucemia de estrés, resistencia periférica a la insulina, aumento de la lipólisis y producción acelerada de cuerpos cetónicos. Este estado es regulado por un marcado incremento de hormonas contrarreguladoras como catecolaminas, cortisol, glucagón y hormona del crecimiento, junto con mediadores inflamatorios como TNF-α, IL-1 e IL-6, los cuales amplifican la proteólisis y reducen la síntesis proteica. En pediatría, estas respuestas tienen consecuencias más significativas debido a la alta demanda energética basal y al continuo requerimiento para el crecimiento, lo que conduce a rápida pérdida de masa muscular y riesgo de desnutrición aguda.
En la fase anabólica o de recuperación, una vez controlada la agresión fisiológica y estabilizados los sistemas vitales, disminuye la inflamación sistémica, se restablece la sensibilidad a la insulina y se normalizan los niveles de hormonas anabólicas. El balance nitrogenado se torna positivo y se promueve la síntesis proteica, la reparación tisular y la recuperación del crecimiento (“catch-up growth”). Durante esta fase, el adecuado aporte energético y proteico es fundamental para restaurar las reservas corporales y favorecer la rehabilitación funcional del niño.
Estas variaciones hormonales y metabólicas determinan que el abordaje nutricional sea dinámico y dependiente de la fase de estrés. En la etapa catabólica se recomienda evitar la sobrealimentación que puede exacerbar la hiperglucemia, la lipogénesis hepática y las complicaciones respiratorias, priorizando un aporte proteico suficiente y un control estricto de la glucemia para limitar el catabolismo. En la fase anabólica, en cambio, se incrementan progresivamente los aportes calóricos y proteicos para satisfacer las demandas de recuperación, optimizando la síntesis proteica y la rehabilitación. Además, el monitoreo continuo de micronutrientes, electrolitos y tolerancia digestiva es esencial para evitar desequilibrios metabólicos y garantizar una recuperación segura y eficiente.
Referencias
Mehta, N. M., & Corkins, M. R. (Eds.). (2021). The ASPEN Pediatric Nutrition Support Core Curriculum (2nd ed.). American Society for Parenteral and Enteral Nutrition.
Kleinman, R. E., & Greer, F. R. (Eds.). (2020). Pediatric Nutrition (8th ed.). American Academy of Pediatrics.
Wilmore, D. W., & Dudrick, S. J. (2019). Metabolic response to injury: From Hans Selye to the present. Journal of Parenteral and Enteral Nutrition, 43(5), 563–579.