- ¿Cuáles son las fases de estrés metabólico por las que cursa un paciente crítico pediátrico, que adaptaciones metabólicas y hormonales caracterizan a estas y cómo influyen en el abordaje nutricional para estos pacientes?
En el paciente crítico pediátrico, la respuesta metabólica al estrés cursa típicamente por dos fases principales: la fase aguda (ebb + flow) y la fase de recuperación/anabólica. Durante la fase ebb, que corresponde a las primeras 24–48 horas posteriores a la agresión, se caracteriza por disminución del gasto energético, hipoperfusión tisular y priorización del flujo sanguíneo a órganos vitales. Orellana y Coss-Bu (2021) describen que en esta etapa predominan la resistencia a la insulina, la lipólisis inicial y la proteólisis, con un marcado estado hipercatabólico mediado por catecolaminas, cortisol y glucagón. Posteriormente, en la fase flow, la respuesta hipermetabólica se intensifica: aumenta el gasto energético, se exacerba la gluconeogénesis a partir de aminoácidos y se sostiene una proteólisis acelerada, con alteración importante de la masa magra. Joosten, Kerklaan y Verbruggen (2016) señalan que esta etapa está fuertemente modulada por citoquinas inflamatorias (IL-6, TNF-α) que perpetúan la resistencia a la insulina y la pérdida proteica, generando un balance nitrogenado negativo persistente.
Estas adaptaciones hormonales y metabólicas tienen un impacto directo en el manejo nutricional. En la fase aguda, ambas fuentes enfatizan que no debe sobrealimentarse al paciente, ya que la hiperglucemia inducida por estrés y la baja capacidad oxidativa pueden aumentar complicaciones como esteatosis hepática y dificultad ventilatoria. El enfoque actual prioriza iniciar nutrición enteral temprana, evitando metas calóricas completas en las primeras 48 h y favoreciendo un aporte progresivo. Además, se busca modular el catabolismo mediante el soporte proteico adecuado sin exceder los requerimientos, sobre todo en presencia de disfunción multiorgánica. En la fase de recuperación, cuando disminuye la inflamación y mejora la sensibilidad a la insulina, es apropiado avanzar hacia objetivos energéticos plenos y estrategias anabólicas orientadas a la rehabilitación nutricional. En conjunto, comprender estas fases permite individualizar el soporte nutricional, evitando tanto el déficit energético como la sobrealimentación, lo cual es fundamental para mejorar los desenlaces en el paciente crítico pediátrico.
Referencia bibliográfica:
Orellana, R. A., & Coss-Bu, J. (2021). Metabolic alterations in the critically ill child: A narrative review. Pediatric Medicine, 4, 8. https://doi.org/10.21037/pm-20-64
Joosten, K. F. M., Kerklaan, D., & Verbruggen, S. C. A. T. (2016). Nutritional support and the role of the stress response in critically ill children. Current Opinion in Clinical Nutrition and Metabolic Care, 19(3), 1–7. https://doi.org/10.1097/MCO.0000000000000268