Uno de los errores más frecuentes en la evaluación nutricional pediátrica es la incorrecta interpretación de los puntos de corte en las tablas de valoración antropométrica, específicamente el uso del puntaje Z de Índice de Masa Corporal (IMC) para la edad de forma aislada, sin considerar la dinámica del crecimiento individual. Un ejemplo paradigmático es diagnosticar "riesgo de sobrepeso" en un lactante que se encuentra en el percentil 85-97 de IMC, sin haber analizado su curva de crecimiento longitudinal. En muchos casos, este percentil representa el canal de crecimiento normal del niño (es decir, su patrón genético de crecimiento), y no un exceso patológico de ganancia de peso.
Explicación de su impacto clínico:
Sobre intervención innecesaria: Se pueden implementar restricciones dietéticas injustificadas en un lactante o niño pequeño, lo que conlleva un riesgo real de déficit de nutrientes críticos para el neurodesarrollo y el crecimiento, como el hierro, el zinc o ácidos grasos esenciales.
Ansiedad parental: Etiquetar a un niño sano con un "problema de peso" genera una preocupación excesiva en los padres, lo que puede alterar las conductas alimentarias familiares, crear conflictos durante las comidas e incluso predisponer a trastornos de la conducta alimentaria a largo plazo.
Desvío de la atención del problema real: El enfoque en el percentil de IMC puede hacer que se pasen por alto otros indicadores más relevantes, como una velocidad de crecimiento inadecuada (aplanamiento de la curva de talla), signos clínicos de deficiencia de micronutrientes o hábitos dietéticos de verdadero riesgo.
Propuesta de solución basada en evidencia:
La solución no radica en ignorar los puntos de corte, sino en integrar la evaluación con la tendencia longitudinal del crecimiento.
Evaluación Dinámica y Longitudinal: La herramienta fundamental es la curva de crecimiento. El diagnóstico no debe basarse en una medición aislada, sino en la trayectoria del peso, la talla y el IMC a lo largo del tiempo. Una curva de IMC que se mantiene estable y paralela a los percentiles de la carta, incluso si es en el P85, suele ser normal. Una curva que atraviesa ascendente y rápidamente dos o más canales percentilares es un signo de alarma mucho más significativo.
Contextualización Integral (ABCD):
Antropométrico: Analizar la concordancia entre los puntajes Z de Peso/Talla, Talla/Edad e IMC/Edad. Un niño con alto IMC pero también con talla alta (Peso/Talla adecuado) tiene una contextura diferente a uno con alto IMC y talla baja.
Bioquímico/Bioquímico: En casos dudosos, solicitar una ferritina sérica o un hemograma puede ser más útil para detectar una mala calidad de la dieta que restringir calorías.
Clínico: Evaluar la ingesta dietética real y no la percibida, los patrones de actividad física, el desarrollo psicomotor y los antecedentes familiares de talla y contextura.
Educación a los equipos de salud: Capacitar en la correcta interpretación de las curvas de la OMS y en la comprensión de la variabilidad normal del crecimiento, enfatizando que el "sobrepeso" como entidad patológica es poco frecuente en lactantes y que el foco debe estar en la calidad de la dieta y los hábitos saludables.
Referencia:
World Health Organization. (2008). Training course on child growth assessment.