Estimación de requerimiento energético y de nutrimentos

Re: Estimación de requerimiento energético y de nutrimentos

de CAROLINA MICHELLE PEñALOZA ORELLANA -
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La adaptación metabólica en el paciente crítico se caracteriza por fases definidas que modifican de manera significativa las necesidades nutricionales, en especial el aporte energético y proteico, para optimizar la recuperación y minimizar complicaciones metabólicas.

En la fase inicial o aguda temprana (primeras 24-72 horas), el organismo activa respuestas de estrés con liberación intensa de hormonas contrarreguladoras (cortisol, catecolaminas) provocando un estado catabólico con elevación de glucosa, insulina resistente, y una intensa movilización proteica desde el músculo hacia el hígado para generar glucosa y mediadores inflamatorios. En esta etapa, la recomendación es administrar un aporte energético modesto (15–20 kcal/kg/día) para no sobrecargar un metabolismo con baja tolerancia a la glucosa, mientras que la proteína debe ser moderadamente alta (1.2–1.5 g/kg/día) para contrarrestar el catabolismo proteico y preservar musculatura sin generar un exceso de productos nitrogenados que pueda ser mal tolerado. Además, se recomienda priorizar la nutrición enteral temprana dentro de las primeras 24–48 horas, ya que favorece la integridad de la barrera intestinal, reduce infecciones y modula positivamente la respuesta inflamatoria.

Tras esta fase, la etapa hipercatabólica tardía se caracteriza por inflamación persistente, estrés oxidativo y mantenimiento del balance nitrogenado negativo debido a la degradación proteica para abastecer sustratos metabólicos. La utilización proteica aumenta significativamente en esta fase, por lo que el aporte proteico se incrementa a 1.5–2.5 g/kg/día, e incluso hasta 3 g/kg/día en casos severos como sepsis grave, trauma mayor o quemaduras extensas. El aporte energético total se eleva a 20–25 kcal/kg/día, procurando evitar la sobrealimentación y manteniendo control metabólico, especialmente glucémico. En este periodo, la individualización mediante calorimetría indirecta, cuando está disponible, permite optimizar la administración energética y reducir complicaciones como hiperglucemia, hígado graso o aumento de CO₂ en pacientes ventilados.

Finalmente, la fase de recuperación o anabólica se caracteriza por la reducción de la inflamación sistémica y el predominio del balance nitrogenado positivo, con aumento de la síntesis proteica hepática y muscular. En esta etapa, el aporte energético aumenta para cubrir el gasto total estimado (25–30 kcal/kg/día), y la proteína se ajusta entre 1.3 y 2.0 g/kg/día según la tolerancia y respuesta clínica, promoviendo así la regeneración tisular, recuperación funcional y la restauración del tejido muscular perdido durante las fases previas. Durante esta fase, el paciente suele retomar movilidad progresiva, aumentando su gasto energético total, por lo que la nutrición debe acompañar el proceso de rehabilitación, asegurando micronutrientes suficientes y vigilando signos de recuperación muscular. Es fundamental monitorizar de manera regular los indicadores metabólicos, parámetros de tolerancia nutricional y evolución funcional para ajustar el plan y evitar complicaciones como el síndrome de realimentación o la sobrecarga calórica.

Bibliografía

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