En el paciente crítico, las necesidades energéticas y proteicas varían de acuerdo con la fase metabólica por la que atraviesa el organismo como respuesta al estrés. Estas fases —fase aguda temprana, fase aguda tardía y fase de recuperación— presentan diferencias importantes en el gasto energético, el catabolismo proteico y la capacidad del cuerpo para utilizar los nutrientes administrados.
Durante la fase aguda temprana (primeras 24–48 horas), predomina una respuesta hipermetabólica caracterizada por intensa inflamación, resistencia a la insulina y proteólisis acelerada. En este periodo, se recomienda evitar la sobrealimentación porque puede aumentar la producción de CO₂, la esteatosis hepática y el riesgo de complicaciones. Por ello, las guías sugieren aportar solo ingesta energética hipocalórica, alrededor de <70 % de las necesidades estimadas o 10–15 kcal/kg/día, mientras se prioriza el inicio temprano de la nutrición enteral. En cuanto a proteínas, aunque el catabolismo es elevado, el organismo todavía no puede utilizar eficientemente grandes cantidades, por lo que se sugiere un aporte moderado de 1.0–1.2 g/kg/día.
En la fase aguda tardía (día 3 a 7), el metabolismo comienza a estabilizarse y la capacidad anabólica mejora. En esta etapa puede avanzarse hacia un aporte energético cercano al objetivo, en torno a 70–100 % de las necesidades calculadas, generalmente entre 20–25 kcal/kg/día o, idealmente, basado en calorimetría indirecta. El aporte proteico debe incrementarse para contrarrestar la pérdida de masa magra característica del paciente crítico, llegando a 1.5–2.0 g/kg/día, según tolerancia y función renal.
Finalmente, en la fase de recuperación o rehabilitación metabólica, el paciente experimenta mayor capacidad anabólica, demanda muscular y gasto energético por actividad física. En este periodo pueden requerirse 25–30 kcal/kg/día, e incluso más en algunos casos, además de un soporte proteico elevado que oscila entre 2.0–2.5 g/kg/día para favorecer la recuperación funcional y la reconstrucción de masa magra. Ajustar estos aportes de manera individualizada es fundamental para mejorar la evolución clínica, disminuir complicaciones y favorecer la rehabilitación integral del paciente crítico.
BIBLIOGRAFIA:
Briassoulis, G., Ilia, S., & Briassouli, E. (2024). Personalized nutrition in the pediatric ICU: Steering the shift from acute stress to metabolic recovery and rehabilitation. Clinical Nutrition, 43(1), 1–12.
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