Estimación de requerimiento energético y de nutrimentos

Estimación de requerimiento energético y de nutrimentos

de CAROLINA MICHELLE PEñALOZA ORELLANA -
Número de respuestas: 1

En el paciente crítico, las necesidades energéticas y proteicas varían de acuerdo con la fase metabólica por la que atraviesa el organismo como respuesta al estrés. Estas fases —fase aguda temprana, fase aguda tardía y fase de recuperación— presentan diferencias importantes en el gasto energético, el catabolismo proteico y la capacidad del cuerpo para utilizar los nutrientes administrados. 


Durante la fase aguda temprana (primeras 24–48 horas), predomina una respuesta hipermetabólica caracterizada por intensa inflamación, resistencia a la insulina y proteólisis acelerada. En este periodo, se recomienda evitar la sobrealimentación porque puede aumentar la producción de CO₂, la esteatosis hepática y el riesgo de complicaciones. Por ello, las guías sugieren aportar solo ingesta energética hipocalórica, alrededor de <70 % de las necesidades estimadas o 10–15 kcal/kg/día, mientras se prioriza el inicio temprano de la nutrición enteral. En cuanto a proteínas, aunque el catabolismo es elevado, el organismo todavía no puede utilizar eficientemente grandes cantidades, por lo que se sugiere un aporte moderado de 1.0–1.2 g/kg/día.


En la fase aguda tardía (día 3 a 7), el metabolismo comienza a estabilizarse y la capacidad anabólica mejora. En esta etapa puede avanzarse hacia un aporte energético cercano al objetivo, en torno a 70–100 % de las necesidades calculadas, generalmente entre 20–25 kcal/kg/día o, idealmente, basado en calorimetría indirecta. El aporte proteico debe incrementarse para contrarrestar la pérdida de masa magra característica del paciente crítico, llegando a 1.5–2.0 g/kg/día, según tolerancia y función renal.


Finalmente, en la fase de recuperación o rehabilitación metabólica, el paciente experimenta mayor capacidad anabólica, demanda muscular y gasto energético por actividad física. En este periodo pueden requerirse 25–30 kcal/kg/día, e incluso más en algunos casos, además de un soporte proteico elevado que oscila entre 2.0–2.5 g/kg/día para favorecer la recuperación funcional y la reconstrucción de masa magra. Ajustar estos aportes de manera individualizada es fundamental para mejorar la evolución clínica, disminuir complicaciones y favorecer la rehabilitación integral del paciente crítico.


BIBLIOGRAFIA: 

Briassoulis, G., Ilia, S., & Briassouli, E. (2024). Personalized nutrition in the pediatric ICU: Steering the shift from acute stress to metabolic recovery and rehabilitationClinical Nutrition, 43(1), 1–12.

McClave, S. A., Taylor, B. E., Martindale, R. G., et al. (2016). Guidelines for the provision and assessment of nutrition support therapy in the adult critically ill patient. Journal of Parenteral and Enteral Nutrition, 40(2), 159–211.



En respuesta a CAROLINA MICHELLE PEñALOZA ORELLANA

Re: Estimación de requerimiento energético y de nutrimentos

de ARIANA VALENTINA VALLE SáNCHEZ -
Tu aporte me parece muy completo y bien estructurado, especialmente porque logras diferenciar de manera clara las tres fases metabólicas del paciente crítico y relacionarlas directamente con los requerimientos energéticos y proteicos. Algo que destaco de tu análisis es que no solo mencionas los valores recomendados, sino que explicas el por qué detrás de cada ajuste, lo cual demuestra comprensión fisiológica del proceso y no solo repetición de guías.

También considero muy acertada la forma en que resaltas los riesgos de la sobrealimentación en la fase aguda temprana, un punto que a menudo se pasa por alto, pero que es clave para evitar complicaciones metabólicas como hiperglucemia o mayor producción de CO₂. Asimismo, tu énfasis en el incremento progresivo tanto de energía como de proteínas durante la transición hacia la fase tardía y de recuperación refleja una visión actualizada del soporte nutricional moderno, alineada con la práctica clínica basada en fases.

Briassoulis, G., Ilia, S., & Briassouli, E. (2024). Personalized nutrition in the pediatric ICU: Steering the shift from acute stress to metabolic recovery and rehabilitation. Clinical Nutrition, 43(1), 1–12.