La tolerancia al soporte nutricional en el paciente crítico pediátrico es un aspecto central del manejo en unidades de cuidados intensivos, ya que condiciona tanto la seguridad como la efectividad de la intervención nutricional. Determinarla requiere una evaluación clínica continua, más que la aplicación rígida de un solo parámetro aislado. En términos generales, la tolerancia se define como la capacidad del paciente para recibir, absorber y utilizar los nutrientes sin presentar complicaciones gastrointestinales, metabólicas o hemodinámicas significativas.
Entre los criterios clínicos más relevantes se encuentra la estabilidad hemodinámica, entendida como una adecuada perfusión tisular, ausencia de shock no controlado y uso estable o decreciente de vasopresores. Iniciar o avanzar el soporte nutricional, especialmente enteral, en un paciente hemodinámicamente inestable puede aumentar el riesgo de isquemia intestinal. A nivel gastrointestinal, la tolerancia se valora mediante la ausencia de distensión abdominal progresiva, vómitos, diarrea persistente, dolor abdominal, sangrado digestivo o signos de íleo paralítico. Si bien el residuo gástrico ha sido tradicionalmente utilizado, la evidencia actual sugiere que no debe ser el único criterio para suspender o limitar la nutrición, sino interpretarse en conjunto con el estado clínico global del niño.
Desde el punto de vista metabólico, la tolerancia también implica la estabilidad de parámetros bioquímicos, como glicemia, electrolitos, triglicéridos y equilibrio ácido-base, así como la ausencia de complicaciones asociadas al síndrome de realimentación. Asimismo, es fundamental considerar la respuesta clínica global, incluyendo mejoría o mantenimiento del estado nutricional, adecuado balance hídrico y evolución favorable de la enfermedad de base.
En mi opinión, uno de los principales desafíos en el paciente crítico pediátrico es equilibrar el riesgo de la desnutrición con el riesgo de complicaciones asociadas a una progresión inadecuada del soporte nutricional. Por ello, la tolerancia no debe evaluarse de forma estática, sino como un proceso dinámico, que exige trabajo interdisciplinario, reevaluaciones frecuentes y ajustes individualizados. Priorizar la nutrición enteral precoz, cuando el tracto gastrointestinal es funcional, y avanzar de forma gradual y vigilada, representa una estrategia clave para mejorar los resultados clínicos en esta población vulnerable.
Bibliografía:
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