La utilidad de los modelos financieros para estimar el rendimiento del accionista radica en que cada uno aporta una perspectiva distinta del riesgo y del retorno esperado, por lo que su aplicación aislada puede resultar limitada. El CAPM permite estimar el rendimiento del accionista en función del riesgo sistemático, siendo útil en mercados relativamente eficientes; sin embargo, su validez depende de supuestos que no siempre se cumplen en la realidad.
El Modelo de Dividendos Descontados resulta más pertinente para empresas estables y con políticas claras de reparto de utilidades, ya que vincula directamente el rendimiento con los flujos percibidos por el accionista, aunque pierde aplicabilidad en empresas sin dividendos regulares. La inversa del PER ofrece una referencia rápida del rendimiento esperado, pero su simplicidad puede llevar a interpretaciones incompletas al no considerar el riesgo ni la estructura financiera.
En este contexto, la WACC cumple un rol clave como tasa mínima de rendimiento exigida por todos los proveedores de capital, permitiendo evaluar si las decisiones de inversión realmente generan valor para el accionista. No obstante, su validez depende de estimaciones adecuadas del costo del capital propio y de la deuda. Finalmente, el APT amplía el análisis al considerar múltiples factores de riesgo, aunque su aplicación práctica se ve limitada por la complejidad para identificar y cuantificar dichos factores. En conjunto, la estimación del rendimiento del accionista es más sólida cuando estos modelos se utilizan de manera complementaria y crítica.
Brealey, R. A., Myers, S. C., & Allen, F. (2014). Principios de finanzas corporativas (11.ª ed.). México: McGraw-Hill.
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