El Valor Económico Agregado (EVA) es un indicador clave de desempeño financiero que permite evaluar si una empresa realmente está creando valor para sus accionistas, al comparar la rentabilidad operativa con el costo del capital invertido.
Desde esta perspectiva, existen diversas estrategias para incrementar el EVA, las cuales pueden abordarse a través de sus tres componentes principales: el NOPAT, el capital invertido y el costo promedio ponderado de capital (WACC).
En primer lugar, una estrategia fundamental consiste en incrementar el NOPAT, lo cual puede lograrse mediante mejoras en la eficiencia operativa. Esto incluye el control y reducción de costos innecesarios, la optimización de procesos productivos, el uso eficiente de recursos y la aplicación de sistemas de costeo más precisos, como el costeo basado en actividades (ABC). Mientras que con el EVA puede incrementarse mediante la optimización del capital invertido, es decir, reduciendo o reestructurando los activos que no generan valor.
Esto implica desinvertir en activos improductivos, mejorar la gestión del capital de trabajo (inventarios, cuentas por cobrar y cuentas por pagar) y evaluar rigurosamente los proyectos de inversión, asegurando que solo se ejecuten aquellos cuya rentabilidad supere el costo del capital. Una estructura de activos más eficiente permite generar mayores retornos con menor inversión, elevando así el EVA (Ross, Westerfield & Jordan, 2019).