Para mí es imposible no
implicarse con un paciente, el detalle de querer ser un psicooncologo hace que
uno tenga contacto constante con el sufrimiento, la incertidumbre y la
posibilidad de la muerte hace que la implicación humana sea casi inevitable.
Ahora el detalle del cuento del reino de las mariposas ilustra bien la idea, acercarse es necesario para comprender, pero hacerlo sin límites puede llevar a la propia destrucción.
Implicarse no significa perder la objetividad ni cargar con el dolor del paciente como propio, sino permitirse sentir empatía durante la intervención. Cuando el profesional se mantiene completamente distante, corre el riesgo de despersonalizar al paciente y reducir su experiencia a un diagnóstico. Sin embargo, cuando se identifica en exceso, como la tercera mariposa, se expone al desgaste emocional y al agotamiento profesional.
Así que el verdadero desafío en oncología no es decidir si implicarse o no, sino aprender a hacerlo de manera consciente y equilibrada. Una implicación empática, pero con límites claros, permite acompañar al paciente sin perder la capacidad de cuidar, sostener y continuar ejerciendo la labor profesional de forma saludable, la labor del psicooncologo implica no solo gestionar el trauma del paciente y su familia, sino también procesar sus propias reacciones ante la pérdida recurrente. Este agotamiento se manifiesta inicialmente como un cansancio profundo que no se alivia con el descanso común, evolucionando hacia una sensación de vacío emocional donde el terapeuta siente que ya no tiene recursos afectivos para ofrecer a quienes atiende (Castillo, 2001).
Castillo Ramírez, Sisy. (2001). El Síndrome de "Burn Out" o Síndrome de Agotamiento Profesional. Medicina Legal de Costa Rica , 17 (2), 11-14. Recuperado el 14 de enero de 2026, de http://www.scielo.sa.cr/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1409-00152001000100004&lng=en&tlng=es.