¿Cree que el profesional de la salud en el ámbito de la oncología debería o no implicarse con el paciente? ¿Por qué?
Desde mi punto de vista, considero que el psicooncólogo sí debe implicarse con el paciente oncológico, ya que su trabajo va más allá del abordaje de los síntomas físicos y se centra en la persona en su totalidad. Conocer la historia de vida del paciente, su contexto familiar y la manera en que vive la enfermedad permite comprender mejor sus necesidades emocionales y ofrecer una intervención más adecuada (Sanz & Modolell, 2004).
Sin embargo, la fábula de las mariposas permite reflexionar sobre los límites de esta implicación. Así como la tercera mariposa se consume al acercarse demasiado a la llama, el profesional de la salud puede verse afectado emocionalmente si se involucra sin mantener una distancia terapéutica adecuada. En psicooncología, el contacto emocional es necesario, pero debe ser cuidadoso y consciente.
Desde este enfoque, implicarse no significa perder el rol profesional ni fusionarse con el sufrimiento del paciente. Por el contrario, se trata de acompañar desde la empatía, manteniendo límites claros que protejan tanto al paciente como al propio profesional. Cruzado Rodríguez (2013) señala que una relación terapéutica adecuada permite sostener el apoyo emocional sin comprometer la objetividad clínica ni favorecer el desgaste profesional.
En este sentido, el psicooncólogo cumple un rol fundamental dentro del equipo de salud, ya que aporta una mirada integral que considera los aspectos emocionales, sociales y personales del paciente. Mantener un equilibrio entre cercanía y límites profesionales no solo mejora la calidad de la intervención, sino que también favorece la practica clinica ética y sostenible en el tiempo.
Referencia:
Cruzado Rodríguez, J. A. (2013). Tratamiento psicológico en pacientes con cáncer. Editorial Síntesis.
Sanz, J., Modolell, E. 2004. Oncología y Psicología: Un modelo de interacción. Psicooncología 1: 3-12.