Sí, considero que el profesional de la salud en el ámbito de la oncología debe implicarse con el paciente, aunque esta implicación debe ser empática y cuidadosamente regulada. En la práctica oncológica y de manera particular en la psicooncología el contacto constante con el sufrimiento, la incertidumbre y la posibilidad de la muerte hace que la implicación humana sea prácticamente inevitable. Tal como ilustra la fábula de las mariposas, acercarse es necesario para comprender la experiencia del otro, pero hacerlo sin límites puede llevar al desgaste y a la pérdida de la capacidad de cuidar.
Implicarse no significa apropiarse del dolor del paciente ni perder la objetividad clínica, sino permitirse sentir empatía, reconocer las emociones del paciente y acompañarlo de manera auténtica. Una postura excesivamente distante puede despersonalizar la atención y reducir al paciente a un diagnóstico, mientras que una identificación excesiva como la tercera mariposa expone al profesional al agotamiento emocional, al burnout y a la fatiga por compasión. Por ello, el verdadero desafío en oncología no es decidir si implicarse o no, sino aprender a implicarse de forma consciente, con límites claros y estrategias de autocuidado, lo que permite sostener al paciente y su familia sin comprometer la salud emocional del profesional.
Referencias:
Baile, W. F., Buckman, R., Lenzi, R., Glober, G., Beale, E. A., & Kudelka, A. P. (2000). SPIKES—A six-step protocol for delivering bad news: Application to the patient with cancer. The Oncologist, 5(4), 302–311. https://doi.org/10.1634/theoncologist.5-4-302
Castillo Ramírez, S. (2001). El síndrome de “burn out” o síndrome de agotamiento profesional. Medicina Legal de Costa Rica, 17(2), 11–14. http://www.scielo.sa.cr/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1409-00152001000100004