Desde mi experiencia profesional en el ámbito de la salud pública, he identificado varias debilidades en la aplicación práctica del enfoque basado en riesgos dentro de mi organización. Una de las principales brechas es que este enfoque suele abordarse más desde el cumplimiento normativo que desde una verdadera integración en la gestión diaria de los procesos asistenciales. En la práctica, la identificación de riesgos no siempre se traduce en acciones preventivas sostenidas ni en decisiones oportunas orientadas a la seguridad del paciente.
Otra debilidad relevante es la limitada cultura de reporte y análisis de eventos adversos y casi eventos. Aunque existen herramientas formales para la notificación, persiste una percepción punitiva que dificulta que el personal reporte de manera abierta los riesgos detectados, lo que impide identificar fallas latentes y aprender de los errores. Esta situación afecta directamente la efectividad del enfoque preventivo y refuerza una gestión más reactiva que proactiva.
Finalmente, he observado brechas en el seguimiento y evaluación de las acciones de mejora implementadas. Con frecuencia, las medidas correctivas no cuentan con indicadores claros de resultado, lo que dificulta valorar su impacto real en la reducción del riesgo y en la mejora de la calidad de la atención. Considero que fortalecer el liderazgo, promover una cultura de seguridad y consolidar el uso sistemático de herramientas de gestión de riesgos son aspectos clave para avanzar hacia una aplicación más efectiva y sostenible de este enfoque.
Referencias
- Institute for Healthcare Improvement. (2017). Patient safety essentials toolkit. IHI.
- Reason, J. (2000). Human error: Models and management. BMJ, 320(7237), 768–770. https://doi.org/10.1136/bmj.320.7237.768
- World Health Organization. (2009). WHO patient safety curriculum guide for medical schools. WHO.