Desde la ética y la antropología, la concepción del ser humano en las organizaciones ha evolucionado desde una visión objetivadora, propia del taylorismo y del enfoque mecanicista de la producción (Taylor, 1911; Fayol, 1916), hacia una visión personalista, donde la persona es considerada un sujeto libre y portador de dignidad. Autores como Maritain (1947) y Guardini (1950) señalan que reducir al trabajador a un recurso contradice su esencia, porque la persona es fin en sí misma y no un medio productivo. Por ello, la tendencia contemporánea es sustituir la noción de “recurso humano” por talento humano, reconociendo que cada individuo posee capacidades únicas que deben potenciarse.
Asimismo, aunque la teoría económica introdujo el concepto de capital humano para resaltar la importancia del conocimiento y las competencias en el desarrollo organizacional (Schultz, 1961; Becker, 1993), desde una perspectiva ética este término puede resultar reductivo si subordina la dignidad humana a la productividad. En contraste, enfoques centrados en la “persona” o en el “colaborador” destacan la corresponsabilidad, la autonomía y el liderazgo orientado al servicio, alineándose con visiones de Sen (1999) o Wojtyla (1979), para quienes el trabajo es un medio de autorrealización y libertad, no solo una relación contractual.
Finalmente, la gestión del personal debe integrar no solo el desarrollo profesional, sino también el desarrollo humano integral, que incluye bienestar, sentido del trabajo, creatividad y crecimiento ético. Esta perspectiva personalista, resaltada por autores como Melé (2009) y Polo (1997), sostiene que las organizaciones existen por y para las personas; por tanto, deben promover su florecimiento. En consecuencia, hablar de talento humano, personas o colaboradores resulta más coherente con una visión ético‑antropológica que reconozca la dignidad, la libertad y el potencial de cada individuo dentro de la empresa.
REFERENCIAS:
Becker, G. S. (1993). Human capital: A theoretical and empirical analysis, with special reference to education (3rd ed.). University of Chicago Press.
Fayol, H. (1916). Administration industrielle et générale. Dunod.
Guardini, R. (1950). El mundo y la persona. Editorial Cristiandad.
Maritain, J. (1947). La persona y el bien común. Desclée de Brouwer.
Melé, D. (2009). Business ethics in action: Seeking human excellence in organizations. Palgrave Macmillan.
Polo, L. (1997). Ética: Hacia una versión moderna de los temas clásicos. Unión Editorial.
Schultz, T. W. (1961). Investment in human capital. The American Economic Review, 51(1), 1–17.
Sen, A. (1999). Development as freedom. Oxford University Press.
Taylor, F. W. (1911). The principles of scientific management. Harper & Brothers.
Wojtyla, K. (1979). Laborem exercens. Librería Editrice Vaticana.