Desde una perspectiva ético-antropológica, el personal de una organización no puede ser comprendido simplemente como un medio para alcanzar fines productivos, sino como una persona dotada de dignidad, libertad y racionalidad. La antropología filosófica sostiene que el ser humano es un sujeto capaz de autodeterminación y de construcción de sentido a través del trabajo. Por ello, reducirlo a la categoría de “recurso humano” implica asumir una visión instrumental que lo equipara a bienes materiales o financieros. En este sentido, como afirma Immanuel Kant (1785/2002), el ser humano debe ser tratado siempre como un fin en sí mismo y nunca únicamente como un medio, principio que fundamenta una ética organizacional centrada en la persona.
Históricamente, la administración clásica —representada por Frederick Winslow Taylor— promovió una concepción mecanicista del trabajador, enfocada en la eficiencia, el control y la maximización del rendimiento (Taylor, 1911). Sin embargo, esta visión objetiva del empleado como pieza del engranaje productivo resulta insuficiente frente a los desafíos actuales. Las organizaciones contemporáneas requieren creatividad, compromiso y aprendizaje continuo, dimensiones que solo pueden desarrollarse si se reconoce al trabajador como sujeto y no como objeto.
El concepto de “capital humano”, desarrollado por Gary Becker (1993), aportó una mirada estratégica al destacar que la educación y las competencias incrementan el valor económico de las personas dentro de la empresa. No obstante, aunque este enfoque reconoce la importancia de la inversión en formación y desarrollo profesional, sigue utilizando un lenguaje económico que puede limitar la comprensión integral del ser humano. Por ello, resulta más adecuado hablar de “talento humano”, término que resalta las capacidades, potencialidades y singularidad de cada persona.
En consecuencia, la concepción ético-antropológica del personal debe fundamentarse en una visión humanista: el trabajador es ante todo persona, sujeto moral y protagonista de su propio desarrollo. La organización tiene la responsabilidad ética de promover condiciones que favorezcan el crecimiento profesional, la participación, el respeto y la realización personal. Así, más que “recursos” o “capital”, el personal debe ser concebido como personas que colaboran libremente en un proyecto común, aportando no solo su fuerza de trabajo, sino también su inteligencia, valores y creatividad.
Referencias
Becker, G. S. (1993). Human capital: A theoretical and empirical analysis, with special reference to education (3rd ed.). University of Chicago Press.
Kant, I. (2002). Fundamentación de la metafísica de las costumbres (M. García Morente, Trad.). Espasa-Calpe. (Obra original publicada en 1785).
Taylor, F. W. (1911). The principles of scientific management. Harper & Brothers.