Yo identifico ansiedad a nivel cognitivo por la preocupación persistente y difícil de controlar (anticipación negativa del futuro, pensamientos repetitivos y problemas de concentración), conductual por la retirada y el uso de estrategias de escape (quedarse en casa, reducir actividades, dormir o mirar TV para “no pensar”) y fisiológico por manifestaciones como tensión/irritabilidad y cansancio asociado a la activación ansiosa. Este patrón es especialmente relevante en oncología porque la ansiedad puede ser esperable tras el diagnóstico, pero se vuelve problemática cuando se cronifica, generaliza y deteriora el funcionamiento (Grassi et al., 2023).
También aparecen síntomas de depresión en lo afectivo (ánimo bajo), cognitivo (sentimientos de inutilidad y dificultad para concentrarse), conductual (inhibición de actividades previamente gratificantes e inactividad) y somático (baja energía, cambios de sueño y apetito). En pacientes con cáncer, algunos síntomas vegetativos pueden solaparse con la enfermedad o tratamientos, por eso yo pondría el foco diagnóstico en el impacto funcional y en los síntomas afectivo-cognitivos (Grassi et al., 2023).
Por lo anterior, no lo pensaría como “solo depresión mayor”: el caso muestra un componente ansioso claro, por lo que sí hay comorbilidad ansiosa (ansiedad y depresión coexistiendo), algo frecuente en clínica y coherente con el enfoque dimensional del módulo.
En cuanto a desmoralización, podría considerarse como hipótesis a explorar porque en oncología es común que aparezcan desesperanza, impotencia y pérdida de sentido vinculadas al quiebre biográfico; sin embargo, según los criterios trabajados, la desmoralización se plantea especialmente cuando predomina el malestar existencial (pérdida de propósito/meaning, sensación de incompetencia para afrontar) y no explica mejor un trastorno depresivo-ansioso ya establecido (Robinson et al., 2015). Es decir: en este caso yo formularía depresión + ansiedad, y evaluaría si además hay componentes desmoralizantes (sentido, propósito, desesperanza focalizada) para intervenirlos específicamente.
El mantenimiento del cuadro se entiende muy bien por evitación conductual: a corto plazo “alivia” (menos angustia al dormir o distraerse), pero a mediano plazo reduce el contacto con reforzadores, aumenta la inactividad, debilita la autoeficacia y deja intactas las preocupaciones, perpetuando depresión y ansiedad. Por eso la activación conductual es pertinente: apunta al mecanismo central (inactividad/evitación) y tiene evidencia sólida como tratamiento eficaz para depresión (Jacobson et al., 1996; Dimidjian et al., 2006). En las primeras sesiones yo priorizaría: psicoeducación del ciclo evitación–alivio–mantenimiento, monitoreo actividad-ánimo, planificación gradual de actividades valiosas y factibles (adaptadas a limitaciones médicas), reducción progresiva de conductas de escape (TV/sueño excesivo) y aumento de conductas de autocuidado, contacto social y adherencia a indicaciones médicas.
Referencias
Dimidjian, S., Hollon, S. D., Dobson, K. S., Schmaling, K. B., Kohlenberg, R. J., Addis, M. E., Gallop, R., McGlinchey, J. B., Markley, D. K., Gollan, J. K., Atkins, D. C., Dunner, D. L., & Jacobson, N. S. (2006). Randomized trial of behavioral activation, cognitive therapy, and antidepressant medication in the acute treatment of adults with major depression. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 74(4), 658–670. https://doi.org/10.1037/0022-006X.74.4.658
Grassi, L., Caruso, R., Riba, M. B., Lloyd-Williams, M., Kissane, D., Rodin, G., McFarland, D., Campos-Ródenas, R., Zachariae, R., Santini, D., Ripamonti, C. I., & ESMO Guidelines Committee. (2023). Anxiety and depression in adult cancer patients: ESMO Clinical Practice Guideline. ESMO Open, 8(2), 101155. https://doi.org/10.1016/j.esmoop.2023.101155
Jacobson, N. S., Dobson, K. S., Truax, P. A., Addis, M. E., Koerner, K., Gollan, J. K., Gortner, E., & Prince,
S. E. (1996). A component analysis of cognitive-behavioral treatment for depression. Journal of
Consulting and Clinical Psychology, 64(2), 295–304. https://doi.org/10.1037/0022-006X.64.2.295
Kissane, D. W., Wein, S., Love, A., Lee, X. Q., Kee, P. L., & Clarke, D. M. (2004). The Demoralization Scale: A report of its development and preliminary validation. Palliative & Supportive Care, 2(4), 325–332. https://doi.org/10.1177/082585970402000402
Robinson, S., Kissane, D. W., Brooker, J., & Burney, S. (2015). A systematic review of the demoralization syndrome in individuals with progressive disease and cancer: A decade of research. Journal of Pain and Symptom Management, 49(3), 595–610. https://doi.org/10.1016/j.jpainsymman.2014.07.008