En el caso de María, podría pensarse como posible esquema de vulnerabilidad una tendencia a priorizar el bienestar de los demás por sobre la propia expresión emocional, lo que se observa cuando evita hablar de su diagnóstico para “no preocupar”. El factor desencadenante principal sería el diagnóstico de cáncer de mama, que implica una situación altamente estresante y movilizante a nivel emocional y existencial.
Como agentes de mantenimiento del malestar se identifican la evitación experiencial (no hablar del tema, distraerse constantemente con redes sociales y televisión), la minimización de sus temores durante las consultas médicas y la presencia de pensamientos repetitivos sobre el futuro, que pueden asociarse a rumiación y contribuir a las dificultades de sueño.
En cuanto a la regulación emocional, María parece utilizar estrategias como la supresión emocional, la evitación y la rumiación. Si bien estas respuestas pueden funcionar como intentos iniciales de protección, en este contexto resultan más bien desadaptativas, ya que limitan el procesamiento emocional y pueden intensificar el malestar a largo plazo.
Como alternativa regulatoria, sería importante favorecer estrategias basadas en la aceptación y el reconocimiento emocional, promoviendo espacios seguros de expresión (con su familia o profesionales de salud), así como habilidades de regulación emocional más flexibles que le permitan afrontar la situación sin necesidad de evitar constantemente sus emociones.