Se puede menciobar que a partir del caso clínico y del material revisado, se observa que la paciente presenta un cuadro emocional complejo en el contexto del cáncer de mama y la cirugía de rodilla, los cuales han generado cambios significativos en su funcionamiento personal, laboral y social.
En relación con la ansiedad, en la dimensión cognitiva se identifican las diferentes preocupaciones persistentes e incontrolables sobre diversas áreas, como es la salud, su trabajo, las finanzas y la familia, lo que refleja una anticipación negativa del futuro. En la dimensión conductual, se evidencian estrategias de evitación, como dormir en exceso y el uso prolongado de la televisión para distraerse de los pensamientos ansiosos. En la dimensión fisiológica, destacan la fatiga, la tensión muscular y la irritabilidad, lo que sugiere un estado de activación ansiosa sostenida.
Respecto a la depresión, en la dimensión afectiva se observa un estado de ánimo deprimido persistente desde el diagnóstico oncológico. En la dimensión cognitiva, aparecen sentimientos de inutilidad y baja autoeficacia relacionados con la pérdida de su rol laboral como enfermera. En la dimensión conductual, se identifica una disminución en la participación en actividades gratificantes y en conductas de autocuidado. En la dimensión somática, se reportan hipersomnia, pérdida de energía y disminución del apetito.
En cuanto al diagnóstico, el cuadro no parece corresponder únicamente a un trastorno depresivo mayor. Se evidencia comorbilidad ansiosa, dada la presencia de preocupación excesiva, síntomas fisiológicos y dificultad para controlar la ansiedad. Además, podría considerarse un cuadro de desmoralización, caracterizado por desesperanza, pérdida de sentido y dificultades para adaptarse a los cambios derivados de la enfermedad, aspecto frecuente en el contexto oncológico y descrito por autores como Jimmie C. Holland.
La evitación conductual cumple un papel central en el mantenimiento del malestar. Aunque estas estrategias reducen la ansiedad a corto plazo, limitan el contacto con reforzadores positivos, incrementan la inactividad y refuerzan la sensación de incapacidad, perpetuando tanto la depresión como la ansiedad.
En este contexto, la activación conductual, propuesta por Aumento y David R. Hopko (2009), resulta pertinente, ya que busca aumentar la participación en actividades valiosas, disminuir la evitación y promover la adaptación a la enfermedad. En las primeras sesiones se priorizaría la psicoeducación, la identificación de evitación, el establecimiento de metas realistas y la programación gradual de actividades ajustadas a sus limitaciones físicas.
Conclusión.
El abordaje integrador de ansiedad, depresión y desmoralización permite comprender mejor el malestar emocional del paciente oncológico. La activación conductual se presenta como una intervención efectiva para mejorar el funcionamiento, fortalecer el afrontamiento y favorecer la calidad de vida.
Referencias
Aumento, M. E., & Hopko, D. R. (2009). Behavioral activation for the treatment of depression in cancer patients: A case study. Journal of Clinical Psychology in Medical Settings.
Angulo, R. (s. f.). Hablemos de: Ansiedad, depresión y cáncer [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=xqbQ7NxaiaM