Ansiedad, depresión y desmoralización en el paciente oncológico: análisis e intervención

Ansiedad, depresión y desmoralización en el paciente oncológico: análisis e intervención

de MICHELLE STEFANIA BARREIRO VINCES -
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Identificaciòn de sìntomas: 

Ansiedad

Dimensión cognitiva:

  • Preocupación persistente e incontrolable sobre trabajo, familia, finanzas y salud.

  • Dificultad significativa para concentrarse.

  • Anticipación negativa respecto al futuro.

Dimensión conductual:

  • Conductas de evitación (ver televisión en exceso, dormir para no pensar).

  • Disminución de afrontamiento activo ante situaciones estresantes.

Dimensión fisiológica:

  • Tensión muscular moderada.

  • Fatigabilidad.

  • Irritabilidad leve.

  • Depresiòn

  • Dimensión afectiva:

  • Estado de ánimo deprimido sostenido desde el diagnóstico.

  • Sentimientos moderados de inutilidad.

Dimensión cognitiva:

  • Deterioro de la concentración.

  • Autovaloración negativa.

Dimensión conductual:

  • Abandono de actividades previamente gratificantes.

  • Disminución de conductas laborales.

  • Reducción de actividades relacionadas con el autocuidado.

Dimensión somática:

  • Hipersomnia.

  • Disminución del apetito.

  • Pérdida de energía.

    ¿Se trata solo de depresión mayor?

    No. Si bien cumple criterios compatibles con Trastorno Depresivo Mayor, la presencia de preocupación excesiva, persistente e incontrolable en múltiples áreas sugiere que no se trata únicamente de un cuadro depresivo.

    ¿Existe comorbilidad ansiosa?

    Sí. Los síntomas descritos son consistentes con un Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG): preocupación excesiva, tensión muscular, fatiga, irritabilidad y dificultad para concentrarse. Existe una clara comorbilidad ansioso-depresiva.

    ¿Podría pensarse en un cuadro de desmoralización?

    Podría considerarse parcialmente, dado que la paciente enfrenta eventos vitales estresantes (cáncer de mama y limitaciones físicas) que afectan su proyecto de vida y su rol profesional. Sin embargo, la presencia de síntomas neurovegetativos (hipersomnia, alteración del apetito), anhedonia y sentimientos de inutilidad orientan más hacia un trastorno depresivo mayor que hacia un cuadro exclusivo de desmoralización.

    En la desmoralización predominan sentimientos de impotencia, pérdida de sentido y desesperanza, pero sin necesariamente presentar la constelación completa de síntomas biológicos depresivos. En este caso, los síntomas afectivos y somáticos son más consistentes con depresión clínica.

    Papel de la evitación conductual

    La evitación conductual cumple un rol central en el mantenimiento del cuadro:

    • Reduce momentáneamente la ansiedad (refuerzo negativo).

    • Disminuye el contacto con reforzadores positivos.

    • Incrementa el aislamiento.

    • Mantiene el bajo estado de ánimo.

    • Refuerza la percepción de incapacidad.

    Se establece así un círculo vicioso: evitación, menor actividad, menor refuerzo, más depresión, más evitación.

    ¿Por qué la activación conductual resulta pertinente?

    La activación conductual es especialmente adecuada porque:

    • Interrumpe el ciclo evitación, inactividad, desánimo.

    • Facilita la exposición gradual a situaciones evitadas.

    • Incrementa el contacto con reforzadores positivos.

    • Mejora tanto síntomas depresivos como ansiosos.

    • Es coherente con la evidencia empírica en pacientes oncológicos con comorbilidad afectiva.

    Además, se adapta bien a limitaciones físicas, permitiendo planificar actividades ajustadas a la condición médica actual.

    En las primeras sesiones priorizaría:

    1. Psicoeducación sobre el modelo conductual de la depresión y la ansiedad.

    2. Monitoreo de actividades y estado de ánimo para identificar patrones de evitación.

    3. Programación gradual de actividades significativas, realistas y acordes a su condición física.

    4. Reducción progresiva de conductas evitativas pasivas (exceso de televisión, hipersomnia).

    5. Restablecimiento de sentido de autoeficacia, favoreciendo pequeñas metas alcanzables.

    Desde la psicooncología, este caso evidencia cómo el impacto del cáncer no solo es médico, sino profundamente psicológico y existencial. La intervención debe considerar tanto la sintomatología clínica como el proceso de ajuste a la enfermedad, promoviendo flexibilidad conductual, reconexión con valores y fortalecimiento de recursos personales.