Para asegurar que las decisiones clínicas y organizacionales respeten la autonomía, preferencias y valores de los pacientes, como primer punto, implementaría un enfoque de toma de decisiones compartidas donde el profesional de salud proporcione información clara, comprensible y pertinente sobre las opciones de tratamiento disponibles, incluyendo riesgos, beneficios y alternativas, y luego explore de forma activa las preferencias, valores y expectativas del paciente antes de llegar a una decisión conjunta. Esto implica no sólo informar, sino también verificar la comprensión del paciente y adaptar la comunicación según sus necesidades particulares (lenguaje, contexto cultural o nivel de alfabetización sanitaria), asegurando que las decisiones reflejen lo que realmente importa para esa persona en su proceso de salud–enfermedad.
Además, establecería procesos organizacionales que incorporen mecanismos estructurados para recoger y utilizar las preferencias de los pacientes, como encuestas de experiencia del paciente, evaluación de preferencias en consultas y comités de usuarios que participen en el diseño de servicios y políticas clínicas. Esto no solo amplía la voz del paciente en las decisiones de atención individual, sino que también influye en las decisiones organizacionales que impactan directamente en la calidad y pertinencia de los servicios de salud. La literatura científica en ética médica resalta que respetar la autonomía del paciente no se limita a obtener consentimiento informado, sino a incluirlo como agente activo en la decisión, integrando así sus valores y preferencias en todos los niveles de la atención
Bibliografía:Zevallos-Palacios, C., Quispe, R., Mongilardi, N., Montori, V. M., & Málaga, G. (2013). La participación del paciente en la toma de decisiones clínicas como estrategia para salvaguardar sus derechos. Revista peruana de medicina experimental y salud pública, 30, 363-364.