La OIT plantea que el trabajo decente se fundamenta en cuatro principios esenciales: el respeto a los derechos fundamentales en el trabajo, el acceso a un empleo productivo, la protección social adecuada y el diálogo social efectivo.
En mi opinión, estos principios no solo definen condiciones laborales justas, sino que también reflejan una visión integral del bienestar humano dentro de las organizaciones.
Me parece especialmente importante que la OIT coloque el enfoque en la dignidad y no solo en la productividad, porque muchas veces en la práctica laboral se prioriza el rendimiento por encima del desarrollo humano.
Cuando un país u organización logra avanzar en estos principios, no solo mejora la calidad de vida de los trabajadores, sino también la cohesión social, la sostenibilidad económica y el clima laboral.
Por eso considero que el concepto de trabajo decente es más que una meta normativa: es una guía ética que debería orientar las políticas laborales y las decisiones empresariales en todos los niveles.
Referencia:Ghai, D. (2003). Trabajo decente: Concepto e indicadores. Organización Internacional del Trabajo. https://www.ilo.org/