La mujer de 59 años presenta, tras la recidiva de cáncer de mama (estresor identificable), un cuadro caracterizado por preocupación persistente por la evolución, miedo a la muerte, hipervigilancia a sensaciones corporales, tensión, irritabilidad, dificultades de concentración, alteraciones del sueño y síntomas somáticos (opresión, fatiga). En paralelo, se observan ánimo deprimido, llanto fácil, desesperanza, disminución del interés y retraimiento social, con afectación del desempeño familiar y laboral. La coexistencia de síntomas ansiosos y depresivos, vinculados temporal y contextualmente a la recidiva, orienta a un Trastorno Adaptativo mixto con ansiedad y estado de ánimo depresivo según el DSM-5-TR.
No correspondería a TEPT porque no se evidencia con claridad el criterio A (exposición a muerte real o amenaza extrema en los términos definidos), ni el patrón nuclear de reexperimentación intrusiva (flashbacks, pesadillas), evitación traumática específica y alteraciones cognitivas persistentes centradas en el evento. El eje clínico es la ansiedad anticipatoria y el ánimo depresivo reactivo al curso médico, más que un síndrome traumático consolidado.
Tampoco correspondería a Trastorno de Estrés Agudo (TEA), ya que este requiere inicio cercano al evento (3 días a 1 mes) y predominio de síntomas intrusivos y/o disociativos en un cuadro agudo. Aquí el malestar se organiza en torno a la adaptación sostenida a la enfermedad y sus implicaciones, sin disociación ni reexperimentación marcada.
Sí encuadra como Trastorno Adaptativo por: (1) temporalidad: inicio tras la recidiva; (2) estresor identificable: reaparición del cáncer y sus implicancias vitales; (3) deterioro funcional: impacto en roles, rutinas y vínculos; (4) malestar clínicamente significativo desproporcionado al ajuste esperado.
La recidiva puede conceptualizarse como evento potencialmente traumático si es vivida como amenaza grave a la vida y genera intensa indefensión; sin embargo, clínicamente suele entenderse primero como estresor severo y crónico, cuyo procesamiento dependerá de variables personales y contextuales.
Factores de riesgo de evolución a TEPT: trauma previo, alta ansiedad rasgo o depresión previa; bajo apoyo social y restricciones sociales (dificultad para expresar emociones); catastrofización y rumiación; dolor intenso o complicaciones médicas; comunicación brusca de malas noticias e incertidumbre prolongada.
Intervención inicial para favorecer adaptación: psicoeducación sobre reacciones esperables al estrés oncológico; validación emocional y fortalecimiento de la alianza terapéutica; activación conductual gradual; técnicas breves de regulación (respiración diafragmática, higiene del sueño); entrenamiento en solución de problemas y coordinación con el equipo oncológico.
Estrategia para facilitar Crecimiento Postraumático (CPT): trabajo narrativo y de significado (p. ej., enfoque centrado en sentido como el de William Breitbart), promoviendo elaboración cognitiva deliberada, identificación de fortalezas, redefinición de prioridades y “benefit finding”, sin invalidar el sufrimiento. Desde el modelo social-cognitivo, reducir restricciones sociales y ampliar apoyo favorece la reconstrucción de creencias y posibles cambios positivos en apreciación de la vida y vínculos.
Referencias
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