La diferenciación entre evidencia científica confiable y la desinformación en salud que circula en redes sociales y medios digitales se fundamenta principalmente en el rigor metodológico, la calidad de la fuente y el proceso de validación científica.
La evidencia científica confiable proviene de investigaciones desarrolladas bajo el método científico, publicadas en revistas indexadas y sometidas a revisión por pares. Además, se sustenta en diseños metodológicos claros, análisis estadísticos adecuados y transparencia en la declaración de conflictos de interés. En el marco de la Medicina Basada en Evidencia, existe una jerarquía donde las revisiones sistemáticas y los metaanálisis representan niveles superiores de respaldo científico.
En contraste, la desinformación en salud suele difundirse a través de contenidos sin sustento metodológico, testimonios individuales, opiniones personales o interpretaciones parciales de estudios científicos. Este tipo de información frecuentemente apela a emociones, utiliza afirmaciones absolutas y carece de referencias verificables, lo que puede generar riesgos para la salud pública.
Como señala David Sackett (1996), la Medicina Basada en Evidencia implica la integración de la mejor evidencia disponible con la experiencia clínica y los valores del paciente. Esta definición resalta la importancia de un proceso sistemático de búsqueda, análisis crítico y aplicación contextualizada de la información, elementos que permiten distinguir claramente la evidencia sólida de la desinformación.
Desde la perspectiva de la gestión en salud pública, fortalecer la alfabetización informacional y las competencias en lectura crítica del personal sanitario es fundamental para enfrentar la denominada “infodemia”, fenómeno que ha cobrado especial relevancia en la era digital. En este sentido, la capacidad de evaluar fuentes, identificar niveles de evidencia y utilizar bases de datos científicas confiables constituye una responsabilidad ética y profesional.
En conclusión, diferenciar evidencia científica confiable de desinformación requiere analizar la fuente, el rigor metodológico, la revisión por pares y el nivel de evidencia, aspectos esenciales para garantizar decisiones clínicas y de salud pública seguras y fundamentadas.
Referencias
Sackett, D. L., Rosenberg, W. M. C., Gray, J. A. M., Haynes, R. B., & Richardson, W. S. (1996). Evidence based medicine: What it is and what it isn’t. BMJ, 312(7023), 71–72. https://doi.org/10.1136/bmj.312.7023.71
Guyatt, G., Cairns, J., Churchill, D., Cook, D., Haynes, B., Hirsh, J., & Irvine, J. (1992). Evidence-based medicine: A new approach to teaching the practice of medicine. JAMA, 268(17), 2420–2425. https://doi.org/10.1001/jama.1992.03490170092032
World Health Organization. (2022). Infodemic management: An overview of infodemic management during COVID-19. World Health Organization.