PREGUNTA 8

PREGUNTA 8

de JUAN SEBASTIAN VEINTIMILLA AILLON -
Número de respuestas: 2

 ¿Cuáles son los desafíos éticos asociados a la no implementación de ETES o GPC en la práctica clínica habitual?

La no implementación de Evaluaciones de Tecnologías Sanitarias (ETES) o Guías de Práctica Clínica (GPC) en la práctica clínica habitual genera una serie de desafíos éticos significativos, principalmente relacionados con los principios de justicia, beneficencia y no maleficencia. Desde la perspectiva de beneficencia, la ausencia de aplicación de evidencia científica consolidada puede llevar a que los pacientes no reciban tratamientos efectivos o seguros, incrementando la probabilidad de eventos adversos y disminuyendo la calidad de la atención (Grol & Grimshaw, 2003). Esto se traduce en un incumplimiento del deber ético de promover el bienestar del paciente y de ofrecer intervenciones basadas en evidencia. En cuanto a la no maleficencia, la falta de adhesión a ETES o GPC puede exponer a los pacientes a procedimientos innecesarios, tratamientos ineficaces o riesgos evitables, comprometiendo la seguridad clínica (Kredo et al., 2016). Además, desde la perspectiva de justicia, la implementación desigual de estas herramientas puede generar inequidades en el acceso a tratamientos óptimos, afectando principalmente a poblaciones vulnerables y acentuando disparidades en salud (Woolf et al., 2012). Este escenario ético se agrava en contextos donde las decisiones clínicas dependen de prácticas tradicionales o juicios individuales no estandarizados, lo que puede conducir a variabilidad en la atención y resultados inconsistentes para los pacientes. Otro desafío ético radica en la transparencia y la rendición de cuentas, ya que los profesionales y sistemas de salud tienen la responsabilidad de fundamentar sus decisiones en la mejor evidencia disponible; ignorarla puede considerarse una forma de negligencia profesional o institucional (Eccles & Mittman, 2006). Finalmente, la falta de implementación de ETES y GPC también impacta en la confianza de los pacientes hacia los sistemas de salud, pues la percepción de atención basada en evidencia es un componente esencial de la legitimidad ética y profesional de la práctica clínica (Grimshaw et al., 2004).


BIBLIOGRAFIA

Eccles, M. P., & Mittman, B. S. (2006). Welcome to implementation science. Implementation Science, 1(1), 1–3. https://doi.org/10.1186/1748-5908-1-1Grol, R., & Grimshaw, J. (2003). From best evidence to best practice: Effective implementation of change in patients’ care. The Lancet, 362(9391), 1225–1230. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(03)14546-1

Grimshaw, J. M., Thomas, R. E., MacLennan, G., Fraser, C., Ramsay, C. R., Vale, L., … & Donaldson, C. (2004). Effectiveness and efficiency of guideline dissemination and implementation strategies. Health Technology Assessment, 8(6), iii–iv, 1–72. https://doi.org/10.3310/hta8060

Kredo, T., Bernhardsson, S., Machingaidze, S., Young, T., Louw, Q., van der Westhuizen, L., … & Volmink, J. (2016). Guide to clinical practice guidelines: The current state of play. International Journal of Evidence-Based Healthcare, 14(3), 161–168. https://doi.org/10.1097/XEB.0000000000000088


En respuesta a JUAN SEBASTIAN VEINTIMILLA AILLON

Re: PREGUNTA 8

de JESSICA KATIUSKA VERDUGA CAGUA -
Estoy de acuerdo con lo que menciona el compañero sobre la importancia de planificar adecuadamente un taller de empatía y de incorporar metodologías participativas. Considero que la empatía no se aprende solo desde la teoría, sino desde la experiencia y la reflexión personal. Actividad como dramatizaciones o estudios de caso permiten que los profesionales realmente se pongan en el lugar del paciente y comprendan sus emociones y necesidades.
Sin embargo, añadiría que, además de la planificación pedagógica y la evaluación continua, es fundamental que estos talleres estén integrados dentro de una estrategia institucional más amplia. Es decir, no basta con realizar una jornada aislada si la cultura organizacional no promueve realmente una atención centrada en la persona. Según Avedis Donabedian, la calidad de la atención no depende únicamente del proceso (como un taller formativo), sino también de la estructura y del contexto organizacional que sostiene esas prácticas. (Donabedian, 2001)
Asimismo, la Organización Mundial de la Salud señala que la atención centrada en la persona implica respeto, comunicación efectiva y participación activa del paciente en las decisiones, lo cual requiere compromiso institucional y no solo capacitación individual. (Organización Mundial de la Salud., 2018)
En conclusión, coincido en que un taller de empatía debe incluir objetivos claros, metodologías activas y evaluación; no obstante, considero que su impacto real dependerá de que esté alineado con una cultura organizacional que valore verdaderamente la humanización del cuidado. Solo así se logrará una atención ética, segura y centrada en la persona. (Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad., 2021)
Bibliografía
Donabedian, A. (2001). La calidad de la atención médica: definición y métodos de evaluación. México. La Prensa Médica Mexicana.
Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. (2021). Estrategia de seguridad del paciente del Sistema Nacional de Salud.España.
Organización Mundial de la Salud. (2018). Prestación de servicios de salud de calidad:un imperativo mundial para la cobertura sanitaria universal.GINEBRA:OMS.
En respuesta a JUAN SEBASTIAN VEINTIMILLA AILLON

Re: PREGUNTA 8

de DELIA ALEXANDRA POMA PINEDA -
Juan Sebastián, coincido plenamente con el análisis que realizas. Has logrado articular de forma muy precisa cómo la omisión de las GPC y ETES no es solo una falta técnica, sino una vulneración directa a los principios bioéticos fundamentales.
Como complemento a tu exposición, me gustaría añadir que el desafío ético también abarca el uso eficiente de los recursos públicos. Cuando las instituciones no utilizan las ETES para priorizar tecnologías sanitarias, se genera un dilema ético sobre la justicia distributiva: al invertir recursos en tecnologías cuya eficacia o costo-efectividad no ha sido evaluada, se están dejando de financiar intervenciones de mayor impacto demostrado para la población. En este sentido, la no implementación de estas herramientas puede considerarse una forma de 'desperdicio ético', donde la escasez de recursos se ve agravada por una mala gestión de la evidencia, limitando el acceso equitativo a la salud.
Además, tal como lo sugiere el Instrumento AGREE II (2017), la rigurosidad en la elaboración de guías es un mecanismo de control de calidad que protege al paciente de sesgos en la toma de decisiones. Por tanto, la falta de una cultura institucional que promueva estas guías desprotege al clínico, dejándolo en un escenario de incertidumbre donde la variabilidad injustificada de la práctica clínica se vuelve la norma y no la excepción.

¿Consideras que, además de la capacitación, la institucionalización de auditorías clínicas basadas en el cumplimiento de estas guías podría ser una medida de presión ética efectiva para reducir las malas prácticas que mencionas?

Referencia:
AGREE Enterprise. (2017). Instrumento AGREE II: Instrumento para la evaluación de guías de práctica clínica