¿Cuáles son los desafíos éticos asociados a la no implementación de ETES o GPC en la práctica clínica habitual?
La no implementación de Evaluaciones de Tecnologías Sanitarias (ETES) o Guías de Práctica Clínica (GPC) en la práctica clínica habitual genera una serie de desafíos éticos significativos, principalmente relacionados con los principios de justicia, beneficencia y no maleficencia. Desde la perspectiva de beneficencia, la ausencia de aplicación de evidencia científica consolidada puede llevar a que los pacientes no reciban tratamientos efectivos o seguros, incrementando la probabilidad de eventos adversos y disminuyendo la calidad de la atención (Grol & Grimshaw, 2003). Esto se traduce en un incumplimiento del deber ético de promover el bienestar del paciente y de ofrecer intervenciones basadas en evidencia. En cuanto a la no maleficencia, la falta de adhesión a ETES o GPC puede exponer a los pacientes a procedimientos innecesarios, tratamientos ineficaces o riesgos evitables, comprometiendo la seguridad clínica (Kredo et al., 2016). Además, desde la perspectiva de justicia, la implementación desigual de estas herramientas puede generar inequidades en el acceso a tratamientos óptimos, afectando principalmente a poblaciones vulnerables y acentuando disparidades en salud (Woolf et al., 2012). Este escenario ético se agrava en contextos donde las decisiones clínicas dependen de prácticas tradicionales o juicios individuales no estandarizados, lo que puede conducir a variabilidad en la atención y resultados inconsistentes para los pacientes. Otro desafío ético radica en la transparencia y la rendición de cuentas, ya que los profesionales y sistemas de salud tienen la responsabilidad de fundamentar sus decisiones en la mejor evidencia disponible; ignorarla puede considerarse una forma de negligencia profesional o institucional (Eccles & Mittman, 2006). Finalmente, la falta de implementación de ETES y GPC también impacta en la confianza de los pacientes hacia los sistemas de salud, pues la percepción de atención basada en evidencia es un componente esencial de la legitimidad ética y profesional de la práctica clínica (Grimshaw et al., 2004).
BIBLIOGRAFIA
Eccles, M. P., & Mittman, B. S. (2006). Welcome to implementation science. Implementation Science, 1(1), 1–3. https://doi.org/10.1186/1748-5908-1-1Grol, R., & Grimshaw, J. (2003). From best evidence to best practice: Effective implementation of change in patients’ care. The Lancet, 362(9391), 1225–1230. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(03)14546-1
Grimshaw, J. M., Thomas, R. E., MacLennan, G., Fraser, C., Ramsay, C. R., Vale, L., … & Donaldson, C. (2004). Effectiveness and efficiency of guideline dissemination and implementation strategies. Health Technology Assessment, 8(6), iii–iv, 1–72. https://doi.org/10.3310/hta8060
Kredo, T., Bernhardsson, S., Machingaidze, S., Young, T., Louw, Q., van der Westhuizen, L., … & Volmink, J. (2016). Guide to clinical practice guidelines: The current state of play. International Journal of Evidence-Based Healthcare, 14(3), 161–168. https://doi.org/10.1097/XEB.0000000000000088