Desde la perspectiva de la ética y la antropología la concepción del trabajador ha evolucionado desde una visión objetiva hacia una más integral y subjetiva. Tradicionalmente en el enfoque industrial clásico los empleados eran considerados principalmente como recursos o medios para alcanzar metas u objetivos de las organizaciones, lo que implica una visión objetivada, donde la persona se reduce a su capacidad productiva. Sin embargo, la ética aplicada a la gestión de personal enfatiza el reconocimiento de la dignidad, la autonomía y los valores intrínsecos de cada individuo, entendiendo al trabajador no solo como un recurso renovable sino como un sujeto con derechos, necesidades y aspiraciones.
La concepción de los empleados como “talento humano” o “capital humano” refleja diferentes enfoques éticos y antropológicos. Mientras que “recurso humano” y “capital humano” tienden a volver cosas a las personas, enfocándose en su utilidad y retorno económico, el término “talento humano” sugiere una aproximación más ética y humanista.
La terminología empleada trabajadores, empleados, personal tiene implicaciones en la cultura organizacional y la percepción ética del trabajo. “Trabajador” enfatiza el rol funcional y la participación laboral; “empleado” puede reflejar una relación contractual más formal; mientras que “personal” o “talento humano” conlleva una perspectiva más inclusiva y de desarrollo integral.
Referencia:
Chiavenato, I. (2017). Gestión del talento humano (4). McGraw-Hill.