En la toma de decisiones gerenciales, considero fundamentales los datos que permiten entender cómo se está comportando realmente el negocio desde sus bases económicas.
La información por sí sola no agrega valor; lo valioso es aquella que revela la estructura de costos, el comportamiento del volumen de ventas, los márgenes y la capacidad de la empresa para sostener su operación y generar rentabilidad.
Indicadores como el margen de contribución, el punto de equilibrio, los costos fijos comprometidos y la evolución del costo variable por unidad son esenciales porque permiten identificar en qué nivel la empresa realmente empieza a generar utilidad. Horngren, Datar y Rajan (2012) resaltan que el análisis costo–volumen–utilidad es una de las herramientas más útiles para evaluar posibles decisiones estratégicas, pues muestra cómo cambios en precio, volumen o costos afectan la utilidad esperada.
Otro elemento clave es la diferencia entre el estado de resultados contable y el utilizado en contabilidad de gestión. El estado contable se elabora al cierre del periodo y refleja el desempeño histórico de la compañía; en cambio, el estado de resultados de gestión sirve para proyectar escenarios futuros, anticipar desviaciones y modelar decisiones. Esta distinción es fundamental porque, como gerente, la toma de decisiones no puede basarse únicamente en datos históricos: debemos trabajar con proyecciones, sensibilidad y simulaciones que permitan anticipar efectos financieros reales. Vega Falcón et al. (2019) enfatizan que el análisis gerencial se basa más en escenarios y tendencias que en cifras pasadas.
A esto se suma la importancia de que toda la organización “hable un mismo idioma contable”. Trabajar con estados financieros preparados bajo normas NIIF garantiza que la información sea comparable, clara y entendida tanto por la empresa como por bancos, inversionistas y entidades financieras. La presentación ordenada y normativa de los estados financieros no solo ayuda a interpretar correctamente los datos, sino que facilita procesos como financiamiento, negociación con proveedores o evaluación del riesgo crediticio. Drury (2013) menciona que la estandarización contable permite que las decisiones se tomen sobre bases confiables y consistentes.
Dentro del análisis operativo, también considero crucial comprender la naturaleza de los costos. La distinción básica, pero indispensable, es que los costos fijos totales siempre son fijos, los costos fijos unitarios se comportan como variables, los costos variables totales son variables, y los costos variables unitarios permanecen fijos dentro del rango relevante. Este principio, aunque elemental, es la base para interpretar correctamente la estructura de costos y calcular rápidamente márgenes, puntos de equilibrio o utilidades proyectadas. Polimeni, Fabozzi y Adelberg (2006) remarcan que la comprensión de estas relaciones es lo que permite realizar análisis CVU completos y confiables.
En concclusión: los datos relevantes para la gerencia son aquellos que integran estrategia, operación y resultados: costos, volúmenes, proyecciones, estados financieros normados y KPIs. Cuando estos elementos se analizan de manera articulada, permiten decidir con claridad, anticipación y una visión realista del futuro del negocio.
Sin olvidarnos que entre más sustentos y verificaciones matemáticas tengamos, el riesgo de cometner un decisión herrada baja, pero no quita que nos podamos equivocar pero el impacto debería ser menos grave a que tomar un decisión sin data.