En un estado de salud crítico, los pacientes pediátricos atraviesan diversas fases de estrés metabólico, dentro de las cuales están: fase de flujo, también conocido como estado hipermetabólico; fase de reflujo, la cual precede a la fase de flujo y se destaca por tener un gasto energético reducido para preservar la energía. Además, se han señalado 3 fases típicas:
- Fase aguda o “ebb”: Tiene una duración breve (horas o días), caracterizada por una disminución del gasto energético, baja perfusión de los tejidos, traslado de hormonas contrarreguladoras.
- Fase de catabolismo o “flow”: Se incrementa el catabolismo, con lo cual existe un aumento del gasto energético, la lipólisis, gluconeogénesis, destrucción de proteínas musculares, entre otros.
- Fase anabólica o de “recuperación”: Existe el restablecimiento o recuperación del organismo para poder reconstruir el tejido, subsanar las pérdidas proteicas anteriores y continuar con el crecimiento infantil.
(Joosten et al., 2016) (Orellana & Coss-Bu, 2021).
Dentro de las adaptaciones hormonales presentes en estas fases, se encuentra el incremento del cortisol, glucagón y catecolaminas, resistencia a la insulina y alteraciones en las hormonas del crecimiento. Se destaca la disminución de la síntesis de proteínas en el músculo, junto con el aumento en la degradación proteica y consiguiente liberación de aminoácidos, lipólisis, gluconeogénesis, entre otras (Orellana & Coss-Bu, 2021).
Desde el punto de vista del abordaje nutricional, es importante mencionar que para que sea integral debe considerarse estas adaptaciones previamente descritas junto con el cálculo de los requerimientos nutricionales del niño sano. En algunas ocasiones, se aconseja que en la fase aguda se limite de cierta forma el aporte calórico con el fin de evitar la sobrealimentación y complicaciones asociadas; mientras que en la fase de anabólica es esencial el aporte de proteínas (mismo que debe incrementarse) para permitir que el tejido y músculo tenga pronta recuperación (Etchegaray & Bustos, 2021) (Joosten et al., 2016).
Dicho todo esto, es fundamental que se reconozca estas fases de estrés metabólico junto con sus adaptaciones, ya que nos permitirá individualizar la estrategia de nutrición que vamos a utilizar en un niño en estado crítico.
Bibliografía:
- Etchegaray A, Karina, & Bustos A, Edson. (2021). Evaluación y apoyo nutricional en el paciente pediátrico críticamente enfermo: Revisión de la literatura. Revista chilena de nutrición, 48(1), 95-102. https://dx.doi.org/10.4067/S0717-75182021000100095
- Joosten KF, Kerklaan D, Verbruggen SC. Nutritional support and the role of the stress response in critically ill children. Curr Opin Clin Nutr Metab Care. 2016 May;19(3):226-33. doi: 10.1097/MCO.0000000000000268. PMID: 26963579.
- Preiser JC, van Zanten AR, Berger MM, Biolo G, Casaer MP, Doig GS, Griffiths RD, Heyland DK, Hiesmayr M, Iapichino G, Laviano A, Pichard C, Singer P, Van den Berghe G, Wernerman J, Wischmeyer P, Vincent JL. Metabolic and nutritional support of critically ill patients: consensus and controversies. Crit Care. 2015 Jan 29;19(1):35. doi: 10.1186/s13054-015-0737-8. PMID: 25886997; PMCID: PMC4310041.
- Orellana, R. A., & Coss-Bu, J. A. (2021). Metabolic alterations in the critically ill child: A narrative review. Pediatric Medicine, 4, 8.