En la práctica, lo primero que suele ocurrir es una valoración que permita entender qué está atravesando exactamente la persona. A veces, detrás del diagnóstico, vienen emociones que se mezclan y se superponen: miedo, ansiedad, culpa, enojo; es por esto que Rivero Burón et al. (2008) subrayan que comprender este estado emocional implica mirar más allá del síntoma; implica considerar la historia de vida, las relaciones y el contexto que sostiene o no a la persona. Esa mirada más amplia es la que guía las intervenciones a lo largo del proceso, ya sea en el diagnóstico, el tratamiento, las recaídas o incluso la fase terminal (Die Trill, 2013).
Con ese mapa emocional más claro, el acompañamiento puede tomar forma. Die Trill (2013) menciona que la intervención puede incluir psicoeducación, apoyo en el afrontamiento y un trabajo cercano para prevenir crisis emocionales. Pero en la experiencia clínica, estos espacios suelen transformarse en algo más sencillo y más profundo a la vez: un lugar donde poner en palabras lo que cuesta nombrar, por esta razón Hernández Zubieta et al. (2018) destacan que el psicólogo también ayuda a traducir y sostener la comunicación con el equipo médico, especialmente cuando el miedo hace que la información parezca más pesada o difícil de integrar. Allí, el psicólogo funciona como un puente entre lo emocional y lo clínico.
En este camino es inevitable que la familia entre en escena, porque la enfermedad nunca llega sola. Las dinámicas cambian, aparecen nuevas responsabilidades y surgen temores que muchas veces nadie se atreve a decir en voz alta. Tanto Die Trill (2013) como Hernández Zubieta et al. (2018) recuerdan que sostener emocionalmente a la familia es parte esencial del trabajo, pues su bienestar influye directamente en el del paciente. Rivero Burón et al. (2008) también advierten que la sobrecarga emocional familiar puede aumentar el malestar, por lo que acompañarlos es casi tan importante como acompañar al paciente mismo. Y mientras todo esto ocurre, el equipo de salud también carga su propia historia. Quienes trabajan en oncología conviven con el desgaste, el dolor ajeno, la incertidumbre y, a veces, el duelo. Cabrera Macías et al. (2017) señalan que el psicólogo puede ayudar al equipo a fortalecer la comunicación, gestionar el impacto emocional y prevenir el burnout, creando un ambiente más humano para quienes cuidan y, en consecuencia, para quienes reciben el cuidado.
Finalmente, para que este campo siga creciendo, la labor no se queda solo en el acompañamiento clínico. Cabrera Macías et al. (2017) y Die Trill (2013) resaltan la importancia de investigar, enseñar y desarrollar protocolos que permitan mejorar la atención y comprender mejor los factores psicosociales que influyen en la experiencia del cáncer. Y también nos exige revisar críticamente nuestra propia intervención: ¿estamos promoviendo calidad de vida o solo acompañando el sufrimiento?, ¿estamos fortaleciendo afrontamiento o reforzando dependencias?, ¿cómo equilibramos humanidad y técnica en momentos donde ambas son necesarias?
Al final, el rol del psicólogo en oncología se parece mucho a sostener una historia mientras se mueve. No se trata únicamente de intervenir, sino de acompañar en el miedo, en la incertidumbre y también en la esperanza. Es estar allí, entre el paciente y su familia, entre el dolor y el sentido, para que nadie tenga que atravesar ese camino en soledad.
Referencias:
-Cabrera Macías, Y., López González, E. J., López Cabrera, E., & Concepción Arredondo Aldama, B. (2017). La psicología y la oncología: en una unidad imprescindible. Revista Finlay, 7(3), 212–220.
-Die Trill, M. (2013). Intervención psico-oncológica en el ámbito hospitalario. Clínica Contemporánea, 4(2), 119–133. https://doi.org/10.5093/cc2013a10
-Hernández Zubieta, P., Meneses Báez, A. L., Cala Mejía, M. F., Basabe Cruz, B., & Perdomo Gómez, C. P. (2018). El quehacer de los psicólogos en unidades de oncología en centros hospitalarios de Bogotá. Cuadernos Hispanoamericanos de Psicología, 17(2), 71–84.
-Rivero Burón, R., Piqueras Rodríguez, J. A., Ramos Linares, V., García López, L. J., Martínez González, A. E., & Oblitas Guadalupe, L. A. (2008). Psicología y cáncer. Suma Psicológica, 15(1), 171–197.