La estimación de los requerimientos energéticos y proteicos en el paciente crítico debe basarse en la fisiología de las fases metabólicas: ebb, flow y anabólica, ya que cada etapa expresa necesidades muy distintas. Durante la fase ebb , las primeras 12 a 24 horas posteriores a la agresión , predomina la hipoperfusión y la reducción del gasto energético. Por esta razón, las guías ESPEN (2023) recomiendan evitar la sobrealimentación y no exceder el 50 % de los requerimientos estimados en esta etapa, priorizando la estabilización hemodinámica (Singer et al., 2023). La nutrición temprana debe ser prudente, sin intentar cubrir requerimientos completos, porque el organismo tiene capacidad limitada para oxidar sustratos en esta fase.
Posteriormente, en la fase flow, el metabolismo se vuelve hipercatabólico, con incremento de proteólisis, gasto energético y resistencia a la insulina. En esta etapa, las recomendaciones actuales establecen avanzar progresivamente hacia 20–25 kcal/kg/día durante los primeros días, pudiendo llegar a un 70–100 % de los requerimientos totales hacia el día 4–7, dependiendo de la evolución clínica. Para la proteína, la literatura reciente sugiere entre 1.2 y 2.0 g/kg/día, debido a la elevada pérdida nitrogenada, siendo 1.3 g/kg/día un valor ampliamente aceptado como meta inicial (Wischmeyer et al., 2023).
Finalmente, en la fase de recuperación o anabólica, el objetivo nutricional cambia hacia promover la restauración de masa magra y la rehabilitación funcional. Por ello, en esta etapa es apropiado alcanzar la meta energética completa, guiada idealmente por calorimetría indirecta cuando esté disponible.
Referencias
Singer P, Reintam-Blaser A, Berger MM, et al. ESPEN practical and partially revised guideline: Clinical nutrition in the intensive care unit. Clin Nutr. 2023;42(7):1671–1689.
Wischmeyer PE, McClave SA, Hoffer LJ, et al. Personalized nutrition therapy in critical care: Expert recommendations. Crit Care. 2023;27:256.