Para desarrollar propuestas de valor y posicionamientos realmente disruptivos se basa en entender a fondo las necesidades insatisfechas del consumidor y relacionarlas con modelos de negocio novedosos que desafíen las normas tradicionales del mercado. No se busca simplemente perfeccionar lo que ya existe, sino detectar problemas, vacíos o segmentos desatendidos que las empresas convencionales no han logrado resolver. Según Christensen (2016), la disrupción ocurre cuando una organización ofrece alternativas más accesibles, sencillas o económicas que responden a demandas que la competencia ha pasado por alto, provocando cambios en el comportamiento de los usuarios. Para lograrlo, es indispensable combinar análisis del cliente, pruebas continuas y una visión estratégica capaz de cuestionar los paradigmas del sector, con el fin de crear soluciones que transformen la forma en que se genera y entrega valor. Asimismo, anticipar nuevas tendencias y aprovechar tecnologías emergentes aumenta la capacidad de diferenciarse. Unir un conocimiento profundo del consumidor con una perspectiva innovadora que rompa los supuestos del mercado, generando propuestas capaces de modificar por completo una categoría, más allá de simplemente competir en ella.
Christensen, C. M. (2016). The innovator’s dilemma: When new technologies cause great firms to fail. Harvard Business Review Press.