Me parece muy acertado tu análisis sobre la importancia de adaptar el aporte energético según el estado clínico del paciente crítico pediátrico. Coincido plenamente en que no debemos asumir que el gasto energético está aumentado desde el inicio; de hecho, en la fase EBB la evidencia muestra que el metabolismo se encuentra disminuido y que cubrir el 100% del gasto energético puede generar efectos adversos, como hiperglucemia, aumento de CO₂ y sobrecarga metabólica. En esta línea, Mehta et al. (2017) recomiendan aportar solo 40–60% del gasto energético durante las primeras 24–48 horas, avanzando progresivamente conforme mejora la perfusión y la estabilidad hemodinámica.
Me parece muy relevante que menciones la importancia de individualizar, porque la literatura señala que en la fase FLOW, el niño críticamente enfermo puede llegar a duplicar su gasto energético, requiriendo finalmente 70–100% del REE, preferiblemente medido con calorimetría indirecta (Verbruggen et al., 2020). Tu aporte destaca muy bien esta variabilidad, y refuerza que no existe una recomendación “única” aplicable a todos los pacientes, sino que debemos basarnos en la fisiología y las fases de respuesta al estrés.
Bibliografia
Coss-Bu, J. A. (2021). Nutrition Support and Metabolism in the Pediatric Critically Ill Patient. Nestlé Nutrition Institute Workshop Series, 96, 135–145. https://doi.org/10.1159/000517420
Mehta, N. M., Skillman, H. E., Irving, S. Y., Coss-Bu, J. A., Vermilyea, S., Farrington, E. A., McKeever, L., O’Meara, A., Roberts, J., & DiMaria-Ghalili, R. A. (2017). Guidelines for the Provision and Assessment of Nutrition Support Therapy in the Pediatric Critically Ill Patient. JPEN, 41(5), 706–742. https://doi.org/10.1177/0148607117711387
Verbruggen, S. C. A. T., Joosten, K. F. M., & Castillo, L. (2020). Energy and protein metabolism in critically ill children. Current Opinion in Clinical Nutrition and Metabolic Care, 23(3), 230–238. https://doi.org/10.1097/MCO.0000000000000642
Me parece muy relevante que menciones la importancia de individualizar, porque la literatura señala que en la fase FLOW, el niño críticamente enfermo puede llegar a duplicar su gasto energético, requiriendo finalmente 70–100% del REE, preferiblemente medido con calorimetría indirecta (Verbruggen et al., 2020). Tu aporte destaca muy bien esta variabilidad, y refuerza que no existe una recomendación “única” aplicable a todos los pacientes, sino que debemos basarnos en la fisiología y las fases de respuesta al estrés.
Bibliografia
Coss-Bu, J. A. (2021). Nutrition Support and Metabolism in the Pediatric Critically Ill Patient. Nestlé Nutrition Institute Workshop Series, 96, 135–145. https://doi.org/10.1159/000517420
Mehta, N. M., Skillman, H. E., Irving, S. Y., Coss-Bu, J. A., Vermilyea, S., Farrington, E. A., McKeever, L., O’Meara, A., Roberts, J., & DiMaria-Ghalili, R. A. (2017). Guidelines for the Provision and Assessment of Nutrition Support Therapy in the Pediatric Critically Ill Patient. JPEN, 41(5), 706–742. https://doi.org/10.1177/0148607117711387
Verbruggen, S. C. A. T., Joosten, K. F. M., & Castillo, L. (2020). Energy and protein metabolism in critically ill children. Current Opinion in Clinical Nutrition and Metabolic Care, 23(3), 230–238. https://doi.org/10.1097/MCO.0000000000000642