El Modelo de Valoración de Activos Financieros (CAPM) es una técnica de valoración de activos financieros empleada para estimar el retorno generado por las inversiones, este modelo de valoración de activos financieros es muy útil para fines de inversión al representar una de las mejores alternativas para el cálculo de la tasa de retorno exigida por los inversionistas (Ross, Westerfield, 2012).
Por tratarse de una metodología suficientemente exacta para numerosas aplicaciones, el modelo CAPM cuenta con gran aceptación en la estimación de costos de capital y puede ser considerado una evolución de la teoría de finanzas.
El CAPM es un método muy difundido, que puede ser aplicado en diversas situaciones, como la evaluación del impacto del riesgo generado en las acciones de la empresa por un nuevo proyecto; la definición del precio de activos que aún no fueron negociados en el mercado; o la verificación de la razonabilidad del retorno de ciertos activos.
El método CAPM se encuentra fundamentado en el hecho de que los inversionistas, ciertamente, optan por aquellas inversiones que implican el mayor retorno esperado para determinado nivel de riesgo (nivel de volatilidad del retorno).
Este modelo permite la verificación de aquellas inversiones que ofrecen mayor retorno esperado para cada nivel de riesgo; estos elementos juntos representan la frontera de riesgo-retorno eficiente de las alternativas de inversión. Además, se debe considerar que hay una opción de inversión teóricamente libre de riesgo, que involucra una alternativa sin riesgo de default.
Se entiende que el inversionista escoge un portafolio de inversiones con base en dos aspectos esenciales: la tasa de retorno esperada y la volatilidad, que se mide por la varianza de la tasa de retorno.
Adicionalmente como fuente de determinación es muy recurrente la utilización del Modelo de Dividendos Descontados, esta técnica de valoración de acciones, estima el valor intrínseco de una empresa calculando el valor presente de todos sus dividendos futuros esperados, descontándolos a una tasa que refleja el riesgo, como la rentabilidad requerida por el inversor. Su idea central es que una acción vale la suma de sus flujos de efectivo futuros (dividendos) traídos al hoy, ayudando a determinar si una acción está infravalorada
En si, es un método financiero para valorar un activo basado en el valor presente del flujo de ingresos netos esperados cuando existe una tasa de crecimiento constante a perpetuidad. Es mayormente utilizado para valorar acciones corporativas sobre la base del flujo esperado de dividendos.
Ross, Westerfield (2012), Fundamentos de las Finanzas Corporativas, novena edición, McGraw-Hill.