El ladrón, en el caso presentado, sí es culpable del robo, porque su acción vulnera un principio básico de justicia: respetar los derechos de propiedad y la seguridad personal de otra persona. En el análisis moral del acto es importante separar el fin (conseguir alimento) del medio empleado (robar mediante amenaza). Aunque la necesidad pueda ser comprensible, un propósito difícil no justifica el uso de medios que perjudican a terceros; por eso, la conducta sigue siendo inmoral e ilegal.
Ahora bien, también es necesario reconocer que las circunstancias del ladrón; desempleo, pobreza y presión familiar, explican su situación y pueden influir en el grado de responsabilidad y en la respuesta social, sin eliminar la culpabilidad. Una solución ética equilibrada debería combinar justicia con humanidad: sanción proporcional y reparación a la víctima, junto con medidas de reinserción que reduzcan las condiciones que favorecen el delito.
La ética aplicada exige reconocer la dignidad humana tanto de la víctima como del infractor, y promover decisiones que sancionen el daño, prevengan su repetición y fortalezcan la convivencia (Cortina, 1994).
Bibliografía:Cortina, A. (1994). Ética de la empresa: claves para una nueva cultura empresarial. Madrid, España: Trotta