¿Cuál es la concepción ético-antropológica del personal de una organización o empresa?

¿Cuál es la concepción ético-antropológica del personal de una organización o empresa?

de PABLO ANDRéS FIERRO ORTEGA -
Número de respuestas: 1

Desde una perspectiva ético-antropológica, la forma en que una organización concibe a su personal refleja su visión del ser humano y determina profundamente sus prácticas de gestión. Históricamente, el trabajador ha sido entendido desde una visión objetivista, propia de la administración clásica, en la cual el individuo era concebido como un medio para alcanzar fines productivos. En este enfoque, predominaban términos como recurso humano o empleado, los cuales reducen al sujeto a una función instrumental dentro del sistema organizacional.

Sin embargo, desde la ética y la antropología contemporáneas, esta visión resulta limitada y problemática. La antropología filosófica reconoce al ser humano como un sujeto integral, dotado de dignidad, racionalidad, libertad, emociones y capacidad de autodeterminación (Cassirer, 1944). En consecuencia, la ética organizacional plantea que las personas no deben ser tratadas únicamente como medios para la productividad, sino como fines en sí mismas, principio claramente formulado por Kant (2002).


En este sentido, resulta más apropiado concebir al personal como talento humano antes que como simple recurso humano. El concepto de talento humano reconoce las capacidades, competencias, potencialidades y el carácter único de cada persona, promoviendo una relación más ética entre la organización y el individuo (Chiavenato, 2017). Esta visión no niega la dimensión productiva del trabajo, pero la integra con el desarrollo personal y profesional.


De igual forma, hablar de capital humano implica reconocer que las personas generan valor a través de su conocimiento, experiencia y habilidades (Becker, 1993). No obstante, desde una concepción ético-antropológica, este término debe manejarse con cautela, ya que corre el riesgo de mercantilizar al ser humano si no se equilibra con una visión humanista. Por ello, más que “personas dirigidas”, se debe promover organizaciones donde existan personas acompañadas, desarrolladas y corresponsables de los objetivos organizacionales.


Respecto a la denominación de trabajadores o empleados, ambos términos suelen asociarse a relaciones jerárquicas tradicionales. En contraste, una visión ética propone comprender a las personas como colaboradores, resaltando su rol activo y participativo. Desde esta lógica, el desarrollo profesional deja de ser un beneficio accesorio y se convierte en una responsabilidad ética de la organización, orientada al crecimiento integral del individuo y no únicamente a la mejora del desempeño.


En conclusión, la concepción ético-antropológica del personal en una organización debe partir del reconocimiento del ser humano como sujeto y no como objeto. Considerar a las personas como talento humano implica asumir un compromiso ético con su dignidad, desarrollo y bienestar, construyendo organizaciones más justas, sostenibles y coherentes con los principios humanos que dicen promover.


Bibliografía:

Becker, G. S. (1993). Human capital: A theoretical and empirical analysis, with special reference to education (3rd ed.). Chicago, IL: University of Chicago Press.

Cassirer, E. (1944). An essay on man. New Haven, CT: Yale University Press.

Chiavenato, I. (2017). Gestión del talento humano (4ª ed.). Bogotá, Colombia: McGraw-Hill.

Kant, I. (2002). Fundamentación de la metafísica de las costumbres (Trad. M. García Morente). Madrid, España: Alianza. (Obra original publicada en 1785).

Saldarriaga, J. G. (2013). La gestión humana: Una lectura desde la ética y la subjetividad. Medellín, Colombia: Universidad EAFIT.


En respuesta a PABLO ANDRéS FIERRO ORTEGA

Re: ¿Cuál es la concepción ético-antropológica del personal de una organización o empresa?

de ANTHONY IVAN SORIA LOPEZ -
Hola Pablo. Comparto ampliamente la postura de mi compañero cuando afirma que “la forma en que una organización concibe a su personal refleja su visión del ser humano y determina profundamente sus prácticas de gestión”. Esta idea es clave, pues evidencia que la gestión no es neutral: detrás de cada modelo administrativo existe una concepción antropológica implícita. Coincido especialmente en que la visión objetivista heredada de la administración clásica redujo al trabajador a una función instrumental. Tal como lo desarrolló Frederick Winslow Taylor (1911), el énfasis estaba puesto en la eficiencia y el control, lo que consolidó una mirada mecanicista del individuo dentro de la organización.

También considero acertado el respaldo teórico que mi compañero hace desde la antropología filosófica al citar a Ernst Cassirer (1944), quien entiende al ser humano como un “animal simbólico”, es decir, un sujeto capaz de construir cultura, significado y sentido. Esta perspectiva refuerza la idea de que el trabajador no puede reducirse a la categoría de recurso. En la misma línea, el principio ético formulado por Immanuel Kant (1785/2002) —tratar a la persona siempre como un fin y nunca solo como un medio— constituye un fundamento sólido para replantear la gestión organizacional desde una ética del respeto y la dignidad.

Me parece igualmente pertinente la distinción que realiza entre “capital humano” y “talento humano”. Si bien el concepto de capital humano, desarrollado por Gary Becker (1993), permitió reconocer el valor económico del conocimiento y la formación, comparto la advertencia de que puede derivar en una visión mercantilista si no se equilibra con una perspectiva humanista. En este sentido, hablar de talento humano resulta más coherente con una concepción ético-antropológica, ya que resalta la singularidad, la creatividad y el potencial de desarrollo integral de cada persona.

Finalmente, considero muy valiosa la propuesta de entender a los miembros de la organización como colaboradores y no únicamente como empleados o personas dirigidas. Esta visión favorece la corresponsabilidad, la participación y el desarrollo profesional como deber ético de la empresa, no solo como estrategia de productividad. En definitiva, el aporte presentado refuerza la necesidad de construir organizaciones que reconozcan al trabajador como sujeto moral y protagonista activo, promoviendo entornos más humanos, justos y coherentes con la dignidad de la persona.

Referencias

Becker, G. S. (1993). Human capital: A theoretical and empirical analysis, with special reference to education (3rd ed.). University of Chicago Press.

Cassirer, E. (1944). An essay on man. Yale University Press.

Kant, I. (2002). Fundamentación de la metafísica de las costumbres (M. García Morente, Trad.). Alianza. (Obra original publicada en 1785).

Taylor, F. W. (1911). The principles of scientific management. Harper & Brothers.