En el caso presentado se observan síntomas tanto de ansiedad como de depresión en el contexto de una enfermedad médica significativa que implicó un quiebre biográfico importante. En la dimensión ansiosa se identifican preocupaciones persistentes e incontrolables sobre múltiples áreas de la vida, acompañadas de tensión, fatigabilidad e irritabilidad. Estas preocupaciones no se limitan al cáncer, sino que se extienden al futuro laboral, la estabilidad económica y el funcionamiento familiar. En el plano conductual, la paciente ha desarrollado estrategias de evitación como dormir en exceso o mirar televisión para disminuir el malestar emocional, lo que genera alivio inmediato pero mantiene el problema a largo plazo.
En relación con los síntomas depresivos, se observa ánimo bajo persistente, sentimientos de inutilidad, disminución de energía, alteraciones del sueño y reducción significativa de la actividad. Es importante analizar críticamente estos síntomas en el contexto oncológico, ya que algunos componentes somáticos pueden estar vinculados a la condición médica. Por ello, el foco clínico no debería centrarse únicamente en la enumeración de síntomas, sino en el deterioro funcional, la pérdida de sentido y la desconexión progresiva de fuentes de reforzamiento y propósito.
Desde una perspectiva más amplia, el caso no debe entenderse solo como la coexistencia de síntomas, sino como la activación de procesos psicológicos compartidos que están manteniendo el sufrimiento. La preocupación constante, la evitación experiencial y la reducción de conductas orientadas a valores constituyen mecanismos centrales. Este análisis permite ir más allá de una formulación meramente categorial y comprender cómo el malestar se sostiene dinámicamente.
En cuanto a la desmoralización, podría considerarse como una dimensión relevante, dado que la paciente enfrenta una pérdida de rol laboral, cambios en la identidad y una percepción de futuro incierto. La experiencia de cáncer muchas veces implica una ruptura en la narrativa vital. Sin embargo, en este caso el malestar no se limita a una crisis existencial aislada, sino que se acompaña de un patrón persistente de inactividad, desenganche y afectación emocional significativa. Por ello, más que reemplazar la formulación clínica por el concepto de desmoralización, sería pertinente integrar esta dimensión dentro del análisis global.
Un elemento central en el mantenimiento del cuadro es la evitación conductual. Las estrategias de escape reducen el malestar de forma inmediata, pero disminuyen el contacto con experiencias significativas, debilitan la percepción de autoeficacia y consolidan la inactividad. Esto no solo mantiene el ánimo bajo, sino que también deja intactas las preocupaciones, generando un ciclo de retraimiento progresivo.
Desde un enfoque de tercera generación, el objetivo no debería limitarse a reducir síntomas, sino a ampliar la vida de la persona aun en presencia de malestar. En este sentido, la activación conductual resulta pertinente no solo por su eficacia en la disminución de síntomas depresivos, respaldada por evidencia empírica sólida en ensayos controlados aleatorizados, sino porque interviene directamente sobre el proceso mantenedor central que es la desconexión conductual (Uphoff et al., 2020). Este enfoque permite ayudar a la paciente a retomar actividades coherentes con sus valores, reconstruir sentido después del quiebre vital y fortalecer su sensación de agencia.
En las primeras sesiones sería fundamental trabajar en psicoeducación sobre el ciclo evitación, alivio y mantenimiento, implementar monitoreo de actividades y estado de ánimo, y planificar acciones graduales y realistas adaptadas a sus limitaciones físicas. Asimismo, sería clave explorar redes de apoyo, fortalecer vínculos significativos y promover conductas que le permitan seguir participando activamente en su vida, aunque esta ya no sea exactamente como antes. El objetivo terapéutico no sería únicamente que disminuyan los síntomas, sino que pueda volver a moverse hacia aquello que le da sentido, incluso en un contexto de enfermedad crónica.
Bibliografía
Uphoff, E., Ekers, D., Robertson, L., Dawson, S., Sanger, E., South, E., Samaan, Z., Richards, D., Meader, N., & Churchill, R. (2020). Behavioural activation therapy for depression in adults. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2020(7). https://doi.org/10.1002/14651858.cd013305.pub2